La ternura del despojo / Incendio Intencional

Gonzalo Fonseca, a propósito del Diario del Forastero, Fundación Manolo Lima, Pinares de Maldonado, 6 de noviembre de 2025

Hay en Pereira una poesía de la experiencia. A veces confesional, otras contemplativa, se detiene, referencial, en las vecindades y en las estancias vacías de tiempos peliagudos. De esa ilegalidad estacional devino construcción de hermandades múltiples: sujeto activo de las convulsiones políticas donde a los desagraviados había que buscarlos con espejos y lo imposible producía la sumisión en la irrealidad. Y ahí, en la resistencia, acciones poéticas colectivas. Como muestra: en solemne acto almorzarse al poeta de la patria en el Parque Hotel, en Sayago para no morder el polvo, con los Fabla (con Víctor Cunha, Elder Silva, Atilio Duncan Pérez Macunaíma y Eduardo Darnauchans), activismo social artístico. Pero antes de ser ese poeta isabelino expulsado hacia la costa supo ser cronista deportivo del semanario La Idea, cronista de cancha de inferiores y baby fútbol para CX 158 Radio Paso de los Toros y conductor de Tropicalísimo en la misma radio. Dentro de su prontuario debería figurar que fue secretario de redacción del semanario pro moscovita Liberación (suplemento del diario bolchevique La Hora); Directivo del CAUI, (Club Atlético Universitario Industrial, de la Escuela Industrial de Paso de los Toros) y de la Iglesia Metodista de la Aguada, Montevideo; que estudió periodismo con Leonel Tuana y Héctor López Reboledo; que realizó cursos de líderes en la Asociación Cristiana de Jóvenes y nadie maliciaría que alguien tan circunspecto hizo expresión corporal en AEBU, teatro con Alberto Restuccia e Iván Solarich de los que resultó su elegancia y graciosa figura. Anduvo por el Mar Negro cuando existía la URSS, se hizo periodista, fue redactor de Estediario, corresponsal en Maldonado de Brecha y editó poesía en abundancia. También fue el responsable de ciclos literarios como Cultura de Miércoles, en el Montevideo de los 90’ o Jodido Jueves, en el Maldonado de los 2000 y pico. Gestor cultural, director municipal y tocador de tambores en una comparsa. Y es, cómo no, el number one de la editorial civiles iletrados, que lleva, indisputablemente, un (su) sello distintivo.

Su poética se remonta a 1980, donde arriesga imprimir abreviadamente la palabra compañeros en su libro inaugural “Murallas”: a los cros. de / experiencia III / y IV / cuando toda la maquinaria del miedo estaba en pleno funcionamiento. Sugerir “compañeros” en esa época donde por momentos (muchísimos, casi todos) lo dominante era el páramo, toda inspiración podía ser liquidada dichosamente y enterrada sin ser admitida. Entre hondonadas surge un lenguaje que comienza a ser elaborado con pobreza espartana consciente, la palabra ocupa dimensiones precisas: cajas de resonancia efectivas como signo ante la angustia de esas murallas reales. Ante la pomposidad militar, un retorno a la humildad en la escasez de recursos como instrumento intencional. 

Antes los poetas eran buenos / escribían al alba / sobre Ia vida / orinaban / escrupulosamente ocultos / comulgaban / beatíficamente los domingos. // Ahora invocan con urgencia un lápiz / esgrimen Ia derrota por los poros / son sucios y arrugados / sus poemas.

Pero entre esos tabiques de encierro y resignación ya se entrevé en la pastoral de Pereira el encanto por lo femenino, que, de ahí en más, será una constante. La mirada de ese montevideano adoptivo, veinteañero, marcada por el humo de perros agonizantes y el carraspeo enfermo de los ómnibus, traduce el nacimiento de los días / desde cero / con una almohada en el grito / y ángeles en fuga / y mujeres rojas de cansancio, pese a todos los pesares

Los dominios de las angustias y las reprimendas están presentes, luego caerá Berlín y  renacerán los amores torrenciales: / mujeres como inviernos / o mujeres / como primavera. Señales con ilustraciones de bares sureños, ambientes reminiscentes, pequeñas historias sin altavoces y el abrazo de mujer, como alarido. Ante la parca, la solidaridad constante, el derecho al amor compartido con los desheredados de la tierra y en esa coexistencia el amanecer rompiendo olas // aunque la humanidad se venga encima. Lo anteriormente no dicho por imperativo gubernamental se hace explícito en una catarsis de nombres, siglas, partidos en manuales paródicos, en contraseñas de la memoria trasvasando las crueldades, que, como bien señaló Alfredo Fressia en su momento, sirven “más bien para señalar y ordenar un mundo de seres y objetos olvidados por la sociedad de consumo”. Evocaciones de los mares esteños conviven con parroquias y mujeres de múltiples nombres que, tajantemente, se corporizan en fotos en blanco y negro, vitrolas, gramófonos, banderas, recortes de diarios, sábanas de pensiones con la sombra de Onetti planeando zaguanes de un sutil azul parcamente sugerido y los trenes que partían para montevideo. Fascinado ante pantallas proyectoras de imágenes llenas de color al ritmo de distintas melodías va abandonando un gris de época para hacerse más fuerte la relación imagen – música – grafía, la luz y su proyección en los sonidos y su combinación armónica, aerosoles naranjas // tu voz en / el contestador automático. // aún no tengo video / no he leído a Balzac: Poemas de acción de un omnívoro sin límites en su perseverante vampirizar aljófares del cine, la pintura, la performance, el cómic, la moda, la radiodifusión, uniendo las experimentaciones con lo digital y lo mundano, ahora tocan otra música / matan palestinos ahora // ¿es que no tienes al menos un boleto de avión? / ¿no podrías enviarle un fax? (también matan judíos bebé) / ¿no habrá al menos un clip / que trate de la inmortalidad? poemas que extrañan, admiran y persiguen la lengua original y la rompiente mientras las fm me aturden // las fm trituran mi cabeza / la diosa de pepsi me excita // las fm están programadas

Como en un caos ilusorio Pereira ronda sin hacerse el distraído por la realidad que le ha tocado vivir, asume culpas del pasado, carga con nobleza sus sueños cuarteados sin abdicar de creencias muy lejos del panfleto pero sí con profusión reivindicatoria de los habitantes del olvido, pasajeros de la nada, para citar a uno de los Fabla. O Como dice otro compinche (ERB) “El mundo que describe es siempre austero, la solidaridad con los “pobres del mundo”, una constante. Una pobreza conmovedora y una ausencia de cualquier riqueza, ostentación y a veces pareciera que hasta desprovista de cualquier necesidad material”. 

Óyeme / no tengo dinero siquiera una tarjeta de crédito / (pero es imprescindible que pase la noche contigo / déjame mostrarte mi / silueta / de antiguo estalinista). // Jamás vayas a la cama con un poeta // no te convengo nena / oye / ¿no has aprendido a adeudar / cinco meses de alquiler?

La ironía, el aticismo pacen junto al descriptivismo: Ella cuelga en casa la foto del / nueve de defensor sporting / ¡santo dios, / huyamos a alguna parte! // ella se acuesta con el hombre que fue su amante veinte años atrás / ¿alguna chance para mí? /// hospitales siquiátricos públicos / yerba mate, mate cocido, corvinas / yerba mate, mate cocido, cuareim / yerba mate, mate cocido, la onda / yerba mate, mate cocido, parrillas / yerba mate, mate cocido, y puentes.

intento seducir poetisas / es más sano que ser gendarme o profesor / seducirlas y que / me escriban poemas y así / pasar a la inmortalidad. /// la granizada sobre las chapas / el chaperío el kennedy el barrio la / humedá / el caserío cartón piedra la / chapa de perdedor / los que nunca, fueron, propietarios /ni de la palabra / propietarios. 

Contra el origen agonal y aristocrático de la areté, la meritocracia antigua, podemos anteponer la perduración de la obra del poeta como resultante de la ética y estética que trasciende la mera interiorización del mérito y del merecimiento. 

Tal como dice Fernando Cabrera acerca de la obra poética de Pereira, “en ella se aprecia una permanente llaneza y enigma al mismo tiempo, tanto en los temas como en lo formal o estilístico. Que esas dos cosas vayan juntas creo que es el mayor logro de cualquier manifestación artística”. Como un contemporáneo Hölderlin, Pereira alcanza su madurez creativa desprendido de toda constricción formal.

Incendio Intencional

llegué / Luis terminaba de rodear /maldonado /

con un círculo de / ochenta y cinco millones / de hectolitros de gasoil

encendió / un fósforo y me dijo / muéstrame / una mujer justa

y perdonaré esta ciudad

no supe que decirle

(Gabriel Di Leone, civiles iletrados, abril 1997)

Por cierto, ¿cómo se condice este llamado a la acción directa revolucionaria y con voz tuteante? Con la pregunta viene otra, y la respuesta: ¿Por qué lo llamas “Luis” y no “Pereira”? Simple, porque en esa época todavía no lo conocía. 

Luego, viene el “nudo desatado”, como el de Las Milongas de Washington Benavides: el origen de la amistad que, con el don de la singularidad sustrae al otro del tumulto de las relaciones humanas. De ahí, mucha agua bajo los puentes, mucha historia compartida. La amistad es una hermandad elegida y la obra de Pereira está plena de hermandades. Di Leone, Elder, entre tantos, sobrevuelan, explícita o sugerentemente. Ellos no están, pero. 

Ariel Badano ya lo había dicho con aquella voz de ingeniero poeta, tan particular como comunista: “Aquí falta gente”, refiriéndose a las ausencias presentes de Líber, Hugo y Susana.

Pues bien, en toda la poética de Pereira los ausentes están presentes, rompiendo la clausura y el silencio, afirmando los afectos, la pasión, los recuerdos donde, palmariamente la crueldad y la muerte, la libertad y el encierro no borran la evocación, la ternura o el amor resistente. Esta dualidad de los ausentes presentes, es concepto clave tanto en la ontología temporal como en la reflexión sobre la memoria y el duelo. 

Retomando el poema de Di Leone, ese incendio intencional se hace más presente que nunca en un Pereira que tomó al pie de la letra aquel desafío de lanzarse de cara contra las ortigas y, más culpable que nunca, nos deja, en este “Diario del Forastero” toda su esencia viva, visceral y orgánica, un implacable incendio emocional


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