
https://ladiaria.com.uy/le-monde-diplomatique/articulo/2025/12/poesia-seis-de-sitio
Poeta maldonauta, / empleado de la empresa proveedora de electricidad. / Redactor de diarios del interior. / ha sido metodista deshollinador. / empleado de la pesca. / ferroviario. / tablerista. Con estos versos se presenta el autor de este, su último libro de poemas. Porque, antes que nada, el autor es un poeta de larga trayectoria y varias publicaciones, ganador del Premio Nacional de Letras en 2017. “El poeta ha evocado los sucesos que atañen a la memoria colectiva, pero de a poco, con cuidado, va a introducir las instantáneas fotográficas de su memoria personal”, dice Helena Corbellini, a cargo del prólogo de este último título. Por entre sus versos se asoman cada tanto otros poetas como Nicanor Parra, Eduardo Darnauchans, Washington Benavides, Elder Silva o Gabriel di Leone. Ellos acompañan, inspiran o escuchan a este poeta local / carente de abolengo.
Gustavo Wojciechowski, Maca,
a propósito del Diario del Forastero,
en la Banda Oriental el 8 de enero de 2026
churrinches que aparecen en los versos
del severo pereira / chillan
como la chicharra que raspa la tarde
en el 300 carlos/ un suponer
/ la parada 26 o chimborazo – diría yo –
paso carrasco casi oncativo / chamuyando
sin / charabón ni pájaro/ o
citar los versos de una canción / me sedujeron
/ el churrasco en la parrilla / garcharse
la tradición literaria/ lo cajetillas / o
saberse forastero de todo menos de uno
/ entre los pobres
gladiolos

Alejandro Michelena
“Diario del forastero”, el más reciente libro de Luis Pereira Severo, es una culminación del proyecto literario de este poeta, más que prolífico constante en sus publicaciones. Por qué digo esto y en qué lo fundamento: a través de las páginas asoman sus inquietudes, sus temas y preocupaciones, obsesiones y certezas, desplegadas a través de muchos años.
La contradicción entre centralidad capitalina e interior profundo. El habitar en el margen, en lo suburbano, en lo no prestigioso: “Sauce/ lo que crece en las orillas/ pueblerino”. Y lo urbano: “Caserío del Cardal acá / Restauración / La calle del Danubio”…
El desplazamiento geográfico como experiencia reflexiva. El tren recordado como nexo y paradigma de ese desplazamiento: “Trenes vagones de segunda clase /carromatos cacharpas/ útiles de invierno… traqueteo sobre el puente ferroviario/ modos de versificar…
Como telón de fondo, no explícito pero sobrenadando el poemario: lo personal desarrollándose en el contexto de los oscuros años setenta, afianzándose en los esperanzados ochenta, madurando en los confusos noventa.
Todo esto se despliega ante el lector en “Diario del forastero” en lo temático y conceptual. Y además la visión crítica en lo social y político –a través del crisol poético, no el panfleto- , y lo erótico y amoroso asoma (infaltable tópico en Pereira), y el tema específico de la guerra y su cruda realidad (en el pasado; en el presente).
Pero se trata -la de Pereira- de buena y auténtica poesía, en la que importa por sobre todo el lenguaje y la forma. El decir popular irrumpe en sus versos, se apodera del poema, lo resignifica, lo embellece de un modo que no tolerarían aquellos cenáculos de las bellas letras, cargadas de “alondras” y “suspiros” (hoy en su versión más enfática extinguidos, aunque sobreviviendo camuflados con ropajes posmodernos …) El poeta juega con palabras sin “prosapia”, del margen donde se mezclan e hibridan las lenguas, y las hace vibrar en el texto, les da ritmo, las muestra en su crudeza y en su belleza a través de la alquimia del verso: “Pardo pobre preto / provinciano” … “Del asilo / hijo de la fregona… Sabandija/ jetón/ quilombero” (de la sección del volumen titulada “Injurias”).
Un libro en definitiva, más que recomendable. De lo mejor que se ha publicado en el género en este año que va culminando.
“Diario del forastero (Partitura/reversiones)”, de Luis Pereira Severo. Sitio de Poesía 2025.
Gonzalo Fonseca, a propósito del Diario del Forastero, Fundación Manolo Lima, Pinares de Maldonado, 6 de noviembre de 2025
Hay en Pereira una poesía de la experiencia. A veces confesional, otras contemplativa, se detiene, referencial, en las vecindades y en las estancias vacías de tiempos peliagudos. De esa ilegalidad estacional devino construcción de hermandades múltiples: sujeto activo de las convulsiones políticas donde a los desagraviados había que buscarlos con espejos y lo imposible producía la sumisión en la irrealidad. Y ahí, en la resistencia, acciones poéticas colectivas. Como muestra: en solemne acto almorzarse al poeta de la patria en el Parque Hotel, en Sayago para no morder el polvo, con los Fabla (con Víctor Cunha, Elder Silva, Atilio Duncan Pérez Macunaíma y Eduardo Darnauchans), activismo social artístico. Pero antes de ser ese poeta isabelino expulsado hacia la costa supo ser cronista deportivo del semanario La Idea, cronista de cancha de inferiores y baby fútbol para CX 158 Radio Paso de los Toros y conductor de Tropicalísimo en la misma radio. Dentro de su prontuario debería figurar que fue secretario de redacción del semanario pro moscovita Liberación (suplemento del diario bolchevique La Hora); Directivo del CAUI, (Club Atlético Universitario Industrial, de la Escuela Industrial de Paso de los Toros) y de la Iglesia Metodista de la Aguada, Montevideo; que estudió periodismo con Leonel Tuana y Héctor López Reboledo; que realizó cursos de líderes en la Asociación Cristiana de Jóvenes y nadie maliciaría que alguien tan circunspecto hizo expresión corporal en AEBU, teatro con Alberto Restuccia e Iván Solarich de los que resultó su elegancia y graciosa figura. Anduvo por el Mar Negro cuando existía la URSS, se hizo periodista, fue redactor de Estediario, corresponsal en Maldonado de Brecha y editó poesía en abundancia. También fue el responsable de ciclos literarios como Cultura de Miércoles, en el Montevideo de los 90’ o Jodido Jueves, en el Maldonado de los 2000 y pico. Gestor cultural, director municipal y tocador de tambores en una comparsa. Y es, cómo no, el number one de la editorial civiles iletrados, que lleva, indisputablemente, un (su) sello distintivo.
Su poética se remonta a 1980, donde arriesga imprimir abreviadamente la palabra compañeros en su libro inaugural “Murallas”: a los cros. de / experiencia III / y IV / cuando toda la maquinaria del miedo estaba en pleno funcionamiento. Sugerir “compañeros” en esa época donde por momentos (muchísimos, casi todos) lo dominante era el páramo, toda inspiración podía ser liquidada dichosamente y enterrada sin ser admitida. Entre hondonadas surge un lenguaje que comienza a ser elaborado con pobreza espartana consciente, la palabra ocupa dimensiones precisas: cajas de resonancia efectivas como signo ante la angustia de esas murallas reales. Ante la pomposidad militar, un retorno a la humildad en la escasez de recursos como instrumento intencional.
Antes los poetas eran buenos / escribían al alba / sobre Ia vida / orinaban / escrupulosamente ocultos / comulgaban / beatíficamente los domingos. // Ahora invocan con urgencia un lápiz / esgrimen Ia derrota por los poros / son sucios y arrugados / sus poemas.
Pero entre esos tabiques de encierro y resignación ya se entrevé en la pastoral de Pereira el encanto por lo femenino, que, de ahí en más, será una constante. La mirada de ese montevideano adoptivo, veinteañero, marcada por el humo de perros agonizantes y el carraspeo enfermo de los ómnibus, traduce el nacimiento de los días / desde cero / con una almohada en el grito / y ángeles en fuga / y mujeres rojas de cansancio, pese a todos los pesares.
Los dominios de las angustias y las reprimendas están presentes, luego caerá Berlín y renacerán los amores torrenciales: / mujeres como inviernos / o mujeres / como primavera. Señales con ilustraciones de bares sureños, ambientes reminiscentes, pequeñas historias sin altavoces y el abrazo de mujer, como alarido. Ante la parca, la solidaridad constante, el derecho al amor compartido con los desheredados de la tierra y en esa coexistencia el amanecer rompiendo olas // aunque la humanidad se venga encima. Lo anteriormente no dicho por imperativo gubernamental se hace explícito en una catarsis de nombres, siglas, partidos en manuales paródicos, en contraseñas de la memoria trasvasando las crueldades, que, como bien señaló Alfredo Fressia en su momento, sirven “más bien para señalar y ordenar un mundo de seres y objetos olvidados por la sociedad de consumo”. Evocaciones de los mares esteños conviven con parroquias y mujeres de múltiples nombres que, tajantemente, se corporizan en fotos en blanco y negro, vitrolas, gramófonos, banderas, recortes de diarios, sábanas de pensiones con la sombra de Onetti planeando zaguanes de un sutil azul parcamente sugerido y los trenes que partían para montevideo. Fascinado ante pantallas proyectoras de imágenes llenas de color al ritmo de distintas melodías va abandonando un gris de época para hacerse más fuerte la relación imagen – música – grafía, la luz y su proyección en los sonidos y su combinación armónica, aerosoles naranjas // tu voz en / el contestador automático. // aún no tengo video / no he leído a Balzac: Poemas de acción de un omnívoro sin límites en su perseverante vampirizar aljófares del cine, la pintura, la performance, el cómic, la moda, la radiodifusión, uniendo las experimentaciones con lo digital y lo mundano, ahora tocan otra música / matan palestinos ahora // ¿es que no tienes al menos un boleto de avión? / ¿no podrías enviarle un fax? (también matan judíos bebé) / ¿no habrá al menos un clip / que trate de la inmortalidad? poemas que extrañan, admiran y persiguen la lengua original y la rompiente mientras las fm me aturden // las fm trituran mi cabeza / la diosa de pepsi me excita // las fm están programadas.
Como en un caos ilusorio Pereira ronda sin hacerse el distraído por la realidad que le ha tocado vivir, asume culpas del pasado, carga con nobleza sus sueños cuarteados sin abdicar de creencias muy lejos del panfleto pero sí con profusión reivindicatoria de los habitantes del olvido, pasajeros de la nada, para citar a uno de los Fabla. O Como dice otro compinche (ERB) “El mundo que describe es siempre austero, la solidaridad con los “pobres del mundo”, una constante. Una pobreza conmovedora y una ausencia de cualquier riqueza, ostentación y a veces pareciera que hasta desprovista de cualquier necesidad material”.
Óyeme / no tengo dinero siquiera una tarjeta de crédito / (pero es imprescindible que pase la noche contigo / déjame mostrarte mi / silueta / de antiguo estalinista). // Jamás vayas a la cama con un poeta // no te convengo nena / oye / ¿no has aprendido a adeudar / cinco meses de alquiler?
La ironía, el aticismo pacen junto al descriptivismo: Ella cuelga en casa la foto del / nueve de defensor sporting / ¡santo dios, / huyamos a alguna parte! // ella se acuesta con el hombre que fue su amante veinte años atrás / ¿alguna chance para mí? /// hospitales siquiátricos públicos / yerba mate, mate cocido, corvinas / yerba mate, mate cocido, cuareim / yerba mate, mate cocido, la onda / yerba mate, mate cocido, parrillas / yerba mate, mate cocido, y puentes.
intento seducir poetisas / es más sano que ser gendarme o profesor / seducirlas y que / me escriban poemas y así / pasar a la inmortalidad. /// la granizada sobre las chapas / el chaperío el kennedy el barrio la / humedá / el caserío cartón piedra la / chapa de perdedor / los que nunca, fueron, propietarios /ni de la palabra / propietarios.
Contra el origen agonal y aristocrático de la areté, la meritocracia antigua, podemos anteponer la perduración de la obra del poeta como resultante de la ética y estética que trasciende la mera interiorización del mérito y del merecimiento.
Tal como dice Fernando Cabrera acerca de la obra poética de Pereira, “en ella se aprecia una permanente llaneza y enigma al mismo tiempo, tanto en los temas como en lo formal o estilístico. Que esas dos cosas vayan juntas creo que es el mayor logro de cualquier manifestación artística”. Como un contemporáneo Hölderlin, Pereira alcanza su madurez creativa desprendido de toda constricción formal.
Incendio Intencional
llegué / Luis terminaba de rodear /maldonado /
con un círculo de / ochenta y cinco millones / de hectolitros de gasoil
encendió / un fósforo y me dijo / muéstrame / una mujer justa
y perdonaré esta ciudad
no supe que decirle
(Gabriel Di Leone, civiles iletrados, abril 1997)
Por cierto, ¿cómo se condice este llamado a la acción directa revolucionaria y con voz tuteante? Con la pregunta viene otra, y la respuesta: ¿Por qué lo llamas “Luis” y no “Pereira”? Simple, porque en esa época todavía no lo conocía.
Luego, viene el “nudo desatado”, como el de Las Milongas de Washington Benavides: el origen de la amistad que, con el don de la singularidad sustrae al otro del tumulto de las relaciones humanas. De ahí, mucha agua bajo los puentes, mucha historia compartida. La amistad es una hermandad elegida y la obra de Pereira está plena de hermandades. Di Leone, Elder, entre tantos, sobrevuelan, explícita o sugerentemente. Ellos no están, pero.
Ariel Badano ya lo había dicho con aquella voz de ingeniero poeta, tan particular como comunista: “Aquí falta gente”, refiriéndose a las ausencias presentes de Líber, Hugo y Susana.
Pues bien, en toda la poética de Pereira los ausentes están presentes, rompiendo la clausura y el silencio, afirmando los afectos, la pasión, los recuerdos donde, palmariamente la crueldad y la muerte, la libertad y el encierro no borran la evocación, la ternura o el amor resistente. Esta dualidad de los ausentes presentes, es concepto clave tanto en la ontología temporal como en la reflexión sobre la memoria y el duelo.
Retomando el poema de Di Leone, ese incendio intencional se hace más presente que nunca en un Pereira que tomó al pie de la letra aquel desafío de lanzarse de cara contra las ortigas y, más culpable que nunca, nos deja, en este “Diario del Forastero” toda su esencia viva, visceral y orgánica, un implacable incendio emocional.
Fernández de Palleja a propósito del Diario del Forastero, Fundación Manolo Lima, Pinares de Maldonado, 6 de noviembre de 2025

Intervención del poeta Víctor Cunha en la presentación del Diario del Forastero (de Luis Pereira Severo), Fundación Benedetti, 21 de octubre de 2025
Hablar de poesía es la tarea crítica más difícil que conozco. Un poema es un acontecimiento verbal para ser leído o escuchado por eso es imposible de explicar. Aunque sea con la mayor sabiduría, se traicionará el texto y se dirá otra cosa. Desplazar la sustancia del poema a otro discurso, es un ultraje. Me hago cargo de este problema para hablar del Diario del forastero (Partitura/ reversiones), el nuevo libro de un extraordinario poeta uruguayo. (Yo había dicho “uno de los grandes”, pero él me lo impidió.)

Las páginas originales aún zozobran entre mis manos cuando ya corren a sumarse a los libros anteriores de Luis Pereira Severo. Alineados en mi biblioteca compruebo una obra tan extensa como valiosa, que comenzó en 1980, en medio de la dictadura. Su poesía emergió de los años de represión y más tarde atravesó el derrumbe de la utopía comunista. Transitó los senderos de la modernidad postergada. En el escepticismo urdió otros modos de fe hasta arribar a este punto revisionista y crítico de la Historia.
El conjunto de libros de Luis Pereira Severo configura una obra imparable; su fuerza verbal arrastra al lector como una ola tras otra. Pienso que es nuestro contemporáneo más arriesgado porque hace uso de una lengua escrita en constante experimentación gramatical, sonora, visual, semántica. En este aspecto me recuerda a Amanda Berenguer, “el monstruo incesante”, la más vanguardista del trío olímpico de la generación del 45. También ella fue difícil de apreciar por esta característica.
Gerardo Ciancio llamó a la obra de Pereira Severo “contrapoesía”, como la “antilogía” de poetas de Barcelona que han dicho ir “a contracorriente”. Esteban Moore observó que el uruguayo escribe con “materiales poéticos y extrapoéticos”, y con esto aportó una clave importante para su hermenéutica. Ese ingreso de lo “extrapoético” a la escritura literaria puede llegar a ser intolerable para el lector y para los jurados de poesía. Nadie está habituado a encontrar las palabras “chorizos”, “coger”, “cascarriaje” (cito algunas de las que comienzan por “c”), en libros que concursan por un premio nacional. Pero ¿qué definimos como “extrapoético”? ¿Cómo distinguirlo? Esto me recuerda el símil de Terry Eagleaton: puesto a definir qué es la literatura se vio como un jardinero que ha de extirpar los yuyos que crecen entre el pasto.
Por convenciones tácitas, serían “extrapoéticas” las cosas que no encajan, palabras que pertenecen a otros registros y nadie pensaría apropiadas para un texto poético, palabras y cosas “carentes de lirismo”, dicho en sus propios términos. Sin embargo, sabemos que nada está más lejos de la poesía que el uso convencional del lenguaje. Por lo tanto, todo aquello que la poesía acuñó hasta ser consabido, es hora de expulsarlo, página por página. Pereira Severo toma los atardeceres, los amaneceres, la luz incluso, y los manda a freír espárragos. Así, abocado a estas tareas de jardinería o gastronómicas, bajo parrales, parras, arma el fuego para el asado y hace arder el “braserío” del lenguaje. Va a escribir “con los deshechos de la lengua:/”, y así pronuncia sin pudor y sin desparpajo (oigámoslo bien): “vello púbico”. Pereira Severo aplica con abnegación aquella sentencia de Sandino Núñez que citó en Poemas para leer en una pantalla de 5”: “un poeta es un verdadero poeta cuando logra que la palabra “perro” muerda”.
A medida que nuestro poeta escoge lo que va a nombrar, va pulsando la sonoridad y el aspecto de sus palabras. Las tipologías de versificación chocan con estos versos de métrica disímil, que en un límite pueden expandirse hacia la prosa y en otro, optar por construir textos enteramente univerbales (decidí llamar así a los versos de una sola palabra). Pereira Severo contempla sus versos, escucha sus silencios por el interlineado, por las cesuras, por los cortes silábicos. Luego corta y recorta con tesón minimalista. Logra textos llenos de elocuente silencio. El resultado es que estamos ante una poesía reñida con la belleza extática de la vertiente culta pero que también se aparta de la sencillez y el candor de la poesía popular.
El Forastero que escribe este Diario reitera su admiración por Circe Maia y un buen número de poetas latinoamericanos; los refiere o dialoga con ellos. Esta transtextualidad multiplica su voz y amplía el territorio del poema. Y como si instalara un faro que al girar echara luz sobre mar y tierra, en sus textos derrama sus ideas sobre la naturaleza de la poesía. Estamos ante un libro fuertemente metapoético. Aunque no es nueva en él esta estrategia discursiva, en el Diario ocupa un lugar central. Las reflexiones sobre la sustancia poética, el sitio del poeta, su relación con los otros y su ser en el mundo son diseminadas por estas páginas y aún se concentran en la parte titulada “(cuaderno)”. Desprecia por “chatarra” a la mala poesía. Es que la poesía verdadera, es imprudente: “se va de boca”. El poeta genuino “convive con el poema”, lo sufre, lo deshace y se deshace: “se desguaza”. Por otra parte, hace acopio de humor para burlarse de los actos solemnes, de las glorias perecederas y para bromear sobre sí: “He visto a los de mi/ generación, yo mismo me he visto/ ansioso por el premio de las letras […]. La manifestación explícita que hace de su poética nos permite, por un lado, conocer las intenciones de Pereira Severo y, por otro, darnos cuenta de la consciencia que el autor ha adquirido del oficio.
El ritmo de su verso es la corriente de un río del paisaje pampeano. Foucault hizo filosofía con este problema: la palabra es la cosa. Las palabras crean la realidad y la ordenan. Quien las pronuncie ejerce ese magnífico poder. Pereira Severo sabe muy bien qué cosas (qué nombres, qué verbos), ha de expulsar y cuáles han de ingresar a sus textos. Hace poesía desde el instante en que se sube al ómnibus que lo traslada a la periferia. Así, para hablar, el poeta se desplaza al arrabal, a los márgenes; se ocupa de lo marginal y de los marginados, presentes y pasados. Se ocupa de la pampa, espacio que inicia el libro. Y luego, transita los caminos que bordean la ciudad de su memoria.
La pampa —nuestra tierra— perdió sus privilegios desde que los gobiernos ilustrados la asimilaran a barbarie y lanzaran discursos civilizatorios para limpiarla. Hubo que aniquilar a los bárbaros que no se sometían. Exterminar a los indios, acabar con los gauchos. Pereira Severo nos recuerda que con matanzas se hizo la historia de la patria. Con un postrero gesto romántico pero desencantado, recupera con su voz el territorio de los que mueren porque no se doblegan. Es un poeta preocupado por esa esencia aniquiladora de la patria. Pronuncia las palabras “patria” y “patrio” una y otra vez en sus últimas obras y toca los restos de las guerras. En las partes primera y tercera del libro —“(pampa)” y “(güeso)”—, Pereira Severo articula lo que queda: caseríos, ruinas, “desolación”; ríos, lluvia y el débil ajetreo de los vivos.
Leo todo esto como actos de militancia micropolítica por la justicia. Esta actitud es incesante en su poética, ya que a lo largo de su obra ha tomado alternativamente la voz de las víctimas, de los desposeídos, de los gauchos. Ha dado su propia voz para ser mujer, para ser desaparecido, para ser asesinado. Su polifonía no acaba aquí, sino que también incorpora a los otros: los verdugos, los agresores, los cobardes, los propietarios, los que envían los misiles y luego brindan por la paz. En los momentos más serenos, también su otra voz, la que le susurra, aparece. Leído en esta dimensión, el libro causa el efecto de un microcosmos que gira, como el Aleph que los ojos de Borges vieron.
Sería más fiel a la concepción tradicional de los géneros, considerar esta obra como poesía épica. Son de Pereira Severo las gestas aciagas, las derrotas, los muertos. El poeta ha evocado los sucesos que atañen a la memoria colectiva, pero de a poco, con cuidado, va a introducir las instantáneas fotográficas de su memoria personal. El universo que ha creado se completa con jocosos autorretratos y breves historias íntimas: mudanzas, familia, encuentros, amigos, lecturas. Recuerdos. Más recuerdos. La paz de los afectos y de los actos cotidianos nos da un respiro. Una esperanza. Pero, es épica la cuerda que el poeta toca hasta el final: “(Vendrán otros tiempos/ otros traidores”. Pereira Severo es un poeta que hace doler al leerlo. También llorar, si una tiene la propensión a emocionarse ante tanto humanismo, ante tanta belleza.
Helena Corbellini, prólogo a Diario del Forastero, partitura-reversiones, Luis Pereira Severo, Sitio de Poesía, 2025.
La luminosidad de los ranchos bajo el estallido
Lo que ensordece se prolonga el aullido
Unos zapatos extraviados una prenda de vestir
lo rasgado
La habitación de los niños reducida a polvo
Nada que decir
el tableteo de metralla
los animales que huyen
la descripción borrosa del
asunto
Arrancan el atardecer lo transforman en escombro
arrancan incluso la palabra escombro
animal
metralla
El asunto es con drones que reconocen el terreno
la canchita
el policlínico
la parada del bus
el mercado central
El asunto es con drones
alguien en la pantalla observa el atardecer
la hora de la merienda el sitio escolar los
patios con limonero
el libro de Pessoa
Lo que ensordece
todo se pone luminoso
lo que estalla es el árbol los frutales el animal
doméstico
la merienda de la tarde el acto de arropar
lo que estalla es la canción
Alguien que arropaba abrigaba
alguien en ese momento que
acunaba
@poeta local, Diario del Forastero, 2025

Hasta el 31 de agosto se podrá efectuar la precompra del nuevo libro de poesía de Luis Pereira Severo, Diario del Forastero (partituras / reversiones). El trabajo recoge la producción reciente del autor, cuenta con un prólogo a cargo de la escritora Helena Corbellini y será editado por Sitio de Poesía. La portada y contraportada es realización de Diego Cubelli sobre obra de Jacinto Coco Galloso.
El libro en la venta anticipada tiene un costo de $400, y el pago estará habilitado hasta el 31 de agosto de 2025.
Las vías para la pre compra son:
– Mediante transferencia bancaria a la cuenta BROU 000447394-00003.
– Vía web en el sitio https://espaciochamanga.uy/product/preventa-diario-del-forastero/
– Personalmente en la librería Espacio Chamangá, Sarandí 778, Maldonado.
Consultas o confirmación prepago al 092 317 149.