¿Por qué son sucios estos versos? ¿Lo impuro y coloquial del lenguaje, la antilírica? ¿Lo en extremo cotidiano, verbalizar lo anormalmente naturalizado?
𝘖𝘵𝘳𝘰𝘴 𝑝𝘰𝘦𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘶𝘤𝘪𝘰𝘴 (𝘮𝘢𝘯𝘶𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘵𝘦𝘭𝘭𝘢𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢́𝘯𝘥𝘢𝘳) es el último libro de Luis Pereira Severo editado por Yauguru en 2022, y puede leerse como un homenaje explícito al 𝘗𝘰𝘦𝘮𝘢 𝘴𝘶𝘫𝘰 de Ferreira Gullar, poniendo en tensión las fronteras de lo que podría considerarse estrictamente lenguaje poético.
Una propuesta de lectura lumpen (“lo manya”) que a veces me recuerda al Desiderio de 𝘓𝘢 𝘻𝘢𝘯𝘫𝘪𝘵𝘢 – entre otras expresiones de la generación argentina del 90 – y pienso en una entrevista que le habían hecho hace un tiempo donde decía que el ámbito de la poesía era “el recital” y más me cierra esta asociación, porque la poesía de Pereira Severo también es para decirse en voz alta – y Luis la dice muy bien – para dejarse llevar por su sonoridad. Un ritmo, a veces desordenado pero no menos musical, que también está sucio porque es barroso cuando, por ejemplo, “buclean boquerones zanjas yuyerío” o porque evoca la antipoesía parriana tan propiamente performativa.
Entrar en su mundo nos permite encontrar un amplio recorrido de las lecturas del autor y un diálogo con muchas voces (Szymborska, Ajmátova, Macu, Elder, Circe Maia, López Belloso, Bacci, Ciancio, Bourdieu, Simic por solo citar algunos nombres).
El poemario se divide en tres partes de contenidos variados: 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦𝘳𝘰 𝘐, 𝘎𝘢𝘳𝘶𝘢𝘥𝘢 y 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦𝘳𝘰 𝘐𝘐. Conjuntos de textos, algunos en prosa, algunos más narrativos que otros; donde principalmente y más allá de las temáticas, nos hallamos ante una reflexión sobre el lenguaje y la poesía, como si la ironía de los poemas titulados 𝘓𝘢 𝘪𝘯𝘶𝘵𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝑝𝘰𝘦𝘴í𝘢 𝘦𝘴 𝘰𝘣𝘷𝘪𝘢 o 𝘕𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘢𝘴 𝘦𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘯𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘵𝘪𝘷𝘰, fuesen afirmaciones antitéticas que sugieren precisamente lo contrario. Porque pese a que lo cotidiano, lo lunfardo, lo popular, lo “normal” te tironee entre los versos, la poesía está siempre presente, significativa y útil como un sacudón que puede cambiar un punto de vista o al menos intentarlo. Además se trata de una escritura preocupada por lo social y colectivo, por nuestra memoria, como un gesto de disidencia y resistencia creativa, una forma de sublevación* a partir del arte.
Por esto y por algunos textos con claro sesgo, nos enfrentamos a una sincera poética política, sin artilugios ni panfletos. Y porque promete una indagación profunda sobre la maquinación colectiva, maquinación en sentido deleuziano, como descomposición del consumo, la alienación, el sometimiento, la mentira.
Grave, rabiosa, provocadora, algunas veces dolorosa por la muerte/la ausencia, es una poesía que pervive y percude, “cruje estalla bordea/ bardo/ la palabra cruje”, hace ruido, percute. Un libro sucio, pero no opaco, del cual comparto algunos textos.
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(*) “Cuando la gente comienza una insurrección quiere decir que está cambiando la relación entre las palabras y los significados, que está dando nuevos significados a los signos circundantes y, lo que es más importante, que esta cambiando sus expectativas y reestructurando el campo mismo del deseo.” Franco “Bifo” Berardi. 𝘓𝘢 𝘴𝘶𝘣𝘭𝘦𝘷𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯. Buenos Aires: Hekht Libros, 2014, p122.
En Otros poemas sucios (manual de castellano estándar), Luis Pereira Severo, desde el título y el subtítulo correspondiente, nos brinda las coordenadas para ingresar en el territorio, el universo de su poética. La suciedad a la que se refiere no es otra que el efecto que le imprimen los hablantes a nuestro instrumento de comunicación: el lenguaje cotidiano. Juan de Valdés, en su Diálogo dela lengua (ca.1535) refiere: “…he aprendido la lengua latina por arte y libros y la castellana por uso, de manera que de la latina podría dar cuenta por el arte y los libros en que aprendí, y de la castellana no, sino por el uso común de hablar…”.
Lo ‘estándar’, alternativa elegida como modelo o criterio de referencia lingüística, signa de alguna manera el proceso, el desarrollo de nuestro idioma en esta zona periférica del planeta, desde aquellos días lejanos en que arribaron a América las carabelas tripuladas por españoles de toda laya y condición, comandadas por un italiano.
El Río de la Plata, la Mar Dulce de Solís, cuenta con dos capitales, Montevideo y Buenos Aires, cuyos puertos fueron la puerta de entrada de cientos de miles de inmigrantes de diverso origen. Extranjeros que debieron someterse a una nueva realidad, y que conjuntamente con los nativos y criollos configuraron la lengua que, con las particularidades propias de ambas ciudades, con sus respectivas marcas en el orillo, nos define. Y que, además, comparten un género literario propio, La Gauchesca, que se origina con los Cielitos combativos y batalladores de Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788, Morón, Buenos Aires, 1822). Poeta y patriota que con osadía y claridad no solo persigue la independencia política de estas tierras sino también la de la lengua, diferenciarse del tono asertivo que impone el imperio a las provincias desde la metrópoli.
En su poema, LA MARCA DEL CASTELLANO POLUÍDO que lleva una nota al pie (ejercicio/arte poética), Pereira Severo señala acertadamente la contaminación de nuestra lengua como “la raspa de lo hablado”, lo extraño a ella que incorpora el uso popular, la mezcla que él interpreta como mélange, los cruces verbales: “El lenguaje de la fonda la herrería […] almacenes / despensas /el espesor de lo vulgar / tasajos”.
Los rasgos, cualidades de su poética, desde Pabellón Patrio(2009), subtitulado en aquella ocasión Serie de relatos íntimos, no se relacionan meramente con una poesía ‘confesional’, ‘autorreferencial’. Todo lo contrario, su propuesta apuesta a una dicción, un modo de enunciar, la inclusión del otro. El desarrollo progresivo de un tono distintivo, la búsqueda de una voz.
Esta voz se distingue de mucha poesía contemporánea, aquella que en La poesía moderna es prosa (1978) Lawrence Ferlinghetti sostiene: “…cualquiera puede mirar hacia el pasado y maravillarse ante esta época extraña que le permitió a la poesía caminar en los ritmos de la prosa y aún denominarla poesía. La poesía moderna es prosa porque suena tan apagada, sumisa, como cualquier mujer u hombre en las ciudades cuya fuerza vital está sumergida en la vida urbana”.
Otros poemas sucios (manual de castellano estándar) se divide en tres partes: Cuaderno viajero I, Garuada y Cuaderno viajero II. En un poema de la primera parte, que podemos considerar un sucedáneo de aquel que él define como (ejercicio/ arte poética) escribe:
SE LE OCURRE algo muy
gráfico
«Llueve sobre el camposanto»
¿Poesía civil como Raimondi?
Cuaderno viajero, es el nombre
de
Eso que escribe
El corte del verso determinado
por la pantalla del Nokia
finlandés
¿Se oye la lluvia desde el tercer
piso? ¿Cómo desde Emilia
Grassi, las barreras? ¿Pasa con
retraso el motocar de las cinco?
Es gráfica la expresión
«llueve sobre el camposanto»
¿Un tipo de santuario la
Poética?
El corte del verso determinado
por lecturas de Levertov.
Lo que respira en la superficie
El goteo primoroso sin
apresuramiento
sobre el campo
santo
Desde el primer verso no podemos eludir la pregunta ¿quién es la persona del discurso? Indudablemente la tercera del singular, ya sea masculina o femenina, poco importa ante el resultado buscado: la elisión del yo.
El poeta se enmascara en otro, realiza una transferencia de su experiencia, de su mirada personal. Este alejamiento del yo emisor, produce en la lectura un efecto que, en tanto lectores, nos transforma en sus cómplices, produce un acercamiento con el objeto. Nos allana el camino para que internalicemos el poema con mayor intensidad, hacerlo carne propia. John Keats (carta a Benjamin Bailey, Nov. 22, 1817), reflexiona al respecto: “Si un gorrión viene a mi ventana, participo de su existencia y picoteo la grava…”.
Asimismo, en este poema pone en escena sus preocupaciones en la construcción del poema, destacando la relevancia del corte del verso. Elemento central en la poética de todo poeta contemporáneo que presta atención al habla de su comunidad, entre ellos, los imagistas, Pound, Louis Zukofsky y William Carlos Williams, y que Denise Levertov (citada en el poema) considera el instrumento esencial, fundamental, en la caja de herramientas del poeta. El que determina que un texto en prosa, verticalizado o dividido simplemente en líneas siguiendo una elemental sucesión de orden sintáctico, práctica generalizada en la actualidad, en la mayoría de los casos no reunirá las características de un poema. Fruto quizás de no comprender que el ‘verso libre’ no lo es tanto (Eliot dixit) y tiene sus propias leyes: la variación rítmica, la irregularidad, la extensión variable, la ruptura en el sangrado de los versos y su disposición espacial en la página.
Pereira Severo logra, como el corredor de larga distancia, picar en punta, acelerar, regular sus zancadas, afianzar su propio ritmo. Modular su voz con desenvoltura, anotar en el pentagrama notas disonantes, una musicalidad diversa, atrapante, innovadora en el ámbito que él mismo denomina como: “el desorden del lenguaje / incierto”. Aunque debo agregar, inferir, que no solo persigue certezas sino su contrario: quizás como nos advierte Wallace Stevens en El Ángel necesario (1951) su búsqueda se cifra en: “la poesía en sí misma, el poema desnudo, la imaginación manifestándose en su dominio de la palabra”.
La estructura de Otros poemas sucios (manual de castellano estándar), se sostiene en una amplia temática que le abre las puertas a tópicos e intereses variados y multiplicados, y los objetos que habitan los textos (útiles de cocina, ollas, sartenes, jarras, baúles, viejas indumentarias, azadas, las furgonetas del hospicio y arados, entre otros) enriquecen, le ofrecen nuevos argumentos a nuestra noción de la realidad.
Asimismo esta temática despliega un movimiento abarcador que integra varios aspectos tanto históricos como actuales. La ironía que da cuenta de una visita al centro comercial, “todo tiene remedio en el centro comercial”, o en “Trabajo precario / Marcador de pobreza / Lo negro lo pichi […] Pobres contra pobres mi amor / Lucen satisfechos en las / selfies”, hechos que iluminan ciertas singularidades de la época, carnada y anestesia frente a lo circundante, la felicidad del instante.
Otro de los aciertos que recorren estas páginas es la economía de recursos utilizados para brindar instantáneas del terror y la violencia. Y que no obstante tiene un efecto potenciador en la recreación de momentos históricos poblados de degollados y desaparecidos, como lo demuestra en EQUIDISTANCIA: “Guerra del Paraguay / Tatuceras / Leandro Gómez // Todo cabe en la pantalla / Nibia / Miguel Mato / Tassino y / Y varios más // De cuando tocaron a / Degüello / Son las fotos”. El horror, pareciera decirnos, no necesita de detalles.
EnOtros poemas sucios (manual de castellano estándar) Pereira Severo reafirma su tono y voz (estilo) e hilvana con oficio una serie de poemas en los cuales la unidad es su característica principal. Cada uno de ellos, en su individualidad, constituye las distintas partes de un todo, un único poema. Sin embargo, no hay que desconocer otras cualidades del conjunto: los poemas más personales, en primera persona, no interfieren con aquellos en los que el yo se oculta tras bambalinas colocando en escena otras personas del verbo.
Finalmente hay que destacar la operación de proporciones que realiza, inédita en estos tiempos, la simbiosis de dos maneras de interpretar el paisaje, el tiempo, la vida. Aquellas que definen el ethos de la urbe y el de la campaña. Dos miradas culturales que, a pesar de desarrollarse en una lengua compartida, presentan diversos antagonismos que el poeta, en un delicado y complejo zurcido de las diferencias, disolverá exitosamente en una visión renovada del mundo y las cosas.