LA LITERATURA NO ES UNA FOTOGRAFÍA DE LA REALIDAD

CON GABRIEL DI LEONE

(Estediario, 19/07/94)

«Ningún uruguayo juega a nada si le exigen que respete las reglas de juego»

Nacido en Minas en 1951, Gabriel Di Leone es el autor de 27 de Möebius y la capitana, libro presentado hace algunos días en Maldonado por Eladio Linacero Editor. Desde la pertinencia o no de la literatura en tiempos hegemonizados por los medios audiovisuales, hasta la experiencia de los talleres literarios en Maldonado, son abordados en esta larga entrevista. «Acontece que soy minuano, que soy maldonadense», dice Di Leone, quién defiende el ejercicio de la literatura como una tentativa mas allá del retrato, audaz, dispuesta a burlar las reglas de lo establecido, y a la vez atenta a la vigencia de las tradiciones.

¿ Desde cuando poeta ?

Desde que me reconozco siempre he pensado el mundo en términos reñidos con los parámetros llamados realistas para medir la cotidianeidad.

En realidad equivoqué la pregunta. Porque además de poeta eres narrador.

Escritor de cuentos, sí. Mi primeras experiencias fueron en el terreno de la narrativa. En la década del ochenta intervengo en concursos, uno de ellos organizado por la Junta Departamental. Lamentablemente después no se siguió con esa política por parte de las autoridades municipales de Maldonado.

Y bueno, después la vinculación a los talleres – primero al taller que dirigió Helena Corbellini, luego el Taller de Escritores Asociados de Maldonado que fundamos, después el grupo convocAreta.

Tu estuviste preso político por la dictadura.

Estuve preso desde enero de 1976 a julio del 82.

Que implicó para tu escritura ese período ?

Es muy poco lo que se puede escribir y conservar durante la prisión, por razones obvias. Es una situación de vida como de rata de laboratorio, bajo una inspección contínua, y es muy difícil conservar, salvo en la memoria ¿ no ? Lo mas importante de ese período fue el acceso a lecturas. Si bien había una censura muy encarnizada, de todas maneras se accedía a muchísimo material. Podías leer los clásicos, leer la narrativa del Siglo XIX, algo de narrativa latinoamericana, teoría literaria. Yo te diría que ese fue tal vez el aspecto mas importante que puede rescatar un escritor, si es que algo puede rescatarse en esas circunstancias.

Y claro, estamos dando por descontado todo lo que significa el nivel de vivencias. Hablamos de lo que es estrictamente literatura.

Salimos del 82. Que influencia positiva o negativa, que visión tenés vos acerca del trabajo en un taller literario en general y de tus experiencias en particular. Y luego que influencias personales podés marcar como referencia en tu obra.

Habría que decir en el principio fue Helena Corbellini. Los participantes de la experiencia de taller con Helena seguimos debiendo una discusión, un análisis incluso nacional para hacer un balance de lo positivo y de lo negativo. Los talleres fueron una iniciativa del Ministerio de Cultura en colaboración con las intendencias y las juntas departamentales.

Hay que hablar del espíritu de locomotora de Helena en cuanto a animar, a la agitación… Al hacer y promover que se hiciera. Lo que quizás un poco sorprendió y sacudió una cantidad de preconceptos y de estructuras fosilizadas en la sociedad maldonadense… Que no solo son atribuibles a la dictadura…

Creo que la de los talleres es una experiencia muy válida y muy importante para el que viene haciendo algo en el terreno de la escritura. Sobre todo si el orientador aporta la información debida y el espíritu de amplitud, de curiosidad, de rigor analítico necesario. De no hacer concesiones, de no caer en círculos de amigos o esos círculos de aplausos eternos que caracterizan a veces a tantas novelas donde se describe esas vidas pueblerinas. La orquestita, el grupo de poetas que toda la vida escriben lo mismo. Que el taller se transforme en un mecanismo vivo, provocativo, muchas veces irreverente, muchas veces rupturista. Y muchas veces también rescatador de una tradición.

Se formó en ese momento acá un grupo muy potente, que encaró la publicación de Asterisco, movimientos que caracterizaron en cierta medida a toda esa etapa de salida. Años 1986 al 89.

No me has respondido acerca de tus lecturas o referencias. Te amplio la pregunta. Cuales son tus afluentes, referentes ?

Creo que la experiencia límite que tantos seres humanos han vivido, no solo los uruguayos…, y el tener de pronto la necesidad y al mismo tiempo la oportunidad de verlos a la luz de una batería de recursos intelectuales, de análisis, mucho mas grande de los que en sucesos parecidos se dispuso antes… Cuando uno tiene la oportunidad y la obligación de expresarlo, de testimoniarlo, se plantea muchísimas cosas. Las posibilidades del lenguaje, la licitud o no de lo que uno escribe. La preocupación de no transformar en ficción algo que fue tan impresionantemente real pero al mismo tiempo que se transforma en ficción por el hecho de ser escrito.

Eso a veces aparece a nivel de lenguaje. Cuando uno renuncia a la explicación o a lo que es la simple descripción de la realidad y opta por una escritura que de pronto hurga mas en el lector, busca que el lector sienta, consienta, busque por sí mismo… Mas que darle una especie de fotografía o de álbum de una situación posiblemente vivida.

Yo leí mucho. Antes, durante y después de la prisión. Narrativa latinoamericana, novela indigenista. La narrativa nuestra de denuncia social que creo cumplió un papel importante, me marcó mucho en la juventud. Me ayudó mucho en la formación de mi conciencia personal…

Tu literatura es una especie de cruce entre la tradición literaria, el respeto a una tradición, y la ruptura con ella. Quiero que me hables de tu poesía en particular.

En primer lugar hay una cosa que es difícil de medir y que es la avidez lectora de un tipo que está preso y que tiene la posibilidad de leer. No lo digo como defensa de ese eclectisismo que tu señalas. No es una justificación, pero forma parte de la curiosidad que uno siente en esas circunstancias. Los clásicos, el realismo francés del siglo XIX, Balzac, Sthendal, los románticos, Víctor Hugo… Toda la literatura francesa que todos sabemos ha sido una especie de condena sobre nuestra literatura… Y después, los poetas españoles, sobre todo los vinculados a la generación del 98, los que vivieron la experiencia de la guerra civil española. León Felipe en primer lugar, Machado, Alberti, Alexaindre, Juan Ramón Gimenez… El Lorca de Poeta en Nueva York mas que nada… Por ese lado pasaban las influencias, las canteras… Luego me fui definiendo por un costado de la literatura uruguaya, si es que podemos hablar de tal, que de pronto no es de difusión masiva, el mas popular. Te hablo de Onetti en primer lugar… Y acercándome a experiencias de poetas jóvenes como Gabriel Peveroni, Elder Silva…

Yo creo en la vigencia de los talleres. Pero la necesidad de acentuar una búsqueda personal con ese costado de la literatura del que te hablaba fue lo que me acerco a convocareta.

A veces se cree que hay por parte de uno una voluntad de dificultad, de ser raro… De ser críptico, de no ser entendido. Si yo escribiera para que me entiendan escribiría textos para educación o estaría haciendo periodismo de divulgación. Lo que quiero es que alguien esté cerca de mi manera de ver el mundo. Y tampoco puedo dar esa visión completamente elaborada porque no la tengo. Tengo tendencias, tropismos… Atracciones y rechazos…

Intento compartir eso. Y acercándome a una estética que no es contemplativa es cierto. No trato de amoldarme a lo establecido. Trato de jugar, y jugar no es, mucho menos para los uruguayos, respetar las reglas de juego. Ningún uruguayo juega a nada si le exigen que respete las reglas de juego…

Escritor desde el interior. Mas allá de que Maldonado es un sitio especial del interior, en un país organizado en función de Montevideo.

Yo te robaría una frase de Jorge Amado: ‘Acontece que sou bahiano’. Te diría ‘acontece que soy minuano, que soy maldonadense… Me crié diez años en campaña en un campo que es atravesado por el límite departamental. La casa tiene un pedacito de campo en Maldonado y el resto en Lavalleja. Puntas de Pan de Azúcar. Me crié a 1 Km. de una mina de cobre. Tengo parientes mineros. De las minas ya no queda prácticamente vestigio sino la propia mina. Ya nadie recuerda que es minero.

La poesía es un hacer estrictamente personal. ¿ Como puede escribir un tipo que se cría hasta los diez años en campaña, que va a la escuela a caballo, que hace un período de su formación en la capital del interior. Que va a la Universidad. Que en un barrio de Minas ve una noche brumosa la llegada del hombre a la luna. Que coexiste con Los Beatles, con la revolución cubana, con la informática, la robotización de la producción, los automoviles japoneses que pasan por la misma vida del mismo tipo que un día se baja de un ómnibus en Montevideo, vive la experiencia del fascismo a la uruguaya, que se baja de un ómnibus en el barrio y ve a un paisano con el caballo atado frente a un bar mirando por televisión la guerra del golfo en colores. ¿ Como puede escribir un tipo así ? No puede escribir como Acevedo Díaz. No puede escribir como Torres García pintaba. No puede escribir como Pablo Neruda. Tiene escribir como él vive. A mi me gusta el fútbol, mucho. Nunca jugaré al fútbol con un adoquín. Eso es lógica elemental tonta. Pero sí jugaría con una pelota de trapo.

Mi poesía no es irreverente porque tenga un propósito de ser irreverente ni es tradicionalista porque tenga el propósito de ser tradicionalista. No intento conservar nada ni ser la vanguardia de nadie. No intento reivindicar el interior, o reivindicar la escritura frente a los medios. Creo que competir con la palabra y la página en blanco con medios poderosísimos como los medios audiovisuales es posible, es digno, es un buen desafío, pero no se trata de competir. Se trata de convivir y de compartir un espacio de comunicación. Es posible una estética a nivel de la palabra escrita que conviva dignamente con la estética de los medios audiovisuales masivos, con toda su terrible magnificencia. No tengo una voluntad de universalidad. Yo no escribo diciendo que en el interior también se escribe: soy la prueba de que en el interior también se escribe. Se escribe tan bien y tan mal como en la capital. Y en la capital se escribe muy mal. Y en la capital se escribe muy bien.


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