Algunos apuntes luego de la lectura del último libro de Luis Pereira Severo

Alejandro Michelena

“Diario del forastero”, el más reciente libro de Luis Pereira Severo, es una culminación del proyecto literario de este poeta, más que prolífico constante en sus publicaciones. Por qué digo esto y en qué lo fundamento: a través de las páginas asoman sus inquietudes, sus temas y preocupaciones, obsesiones y certezas, desplegadas a través de muchos años.

La contradicción entre centralidad capitalina e interior profundo. El habitar en el margen, en lo suburbano, en lo no prestigioso: “Sauce/ lo que crece en las orillas/ pueblerino”. Y lo urbano: “Caserío del Cardal acá / Restauración / La calle del Danubio”…

El desplazamiento geográfico como experiencia reflexiva. El tren recordado como nexo y paradigma de ese desplazamiento: “Trenes vagones de segunda clase /carromatos cacharpas/ útiles de invierno… traqueteo sobre el puente ferroviario/ modos de versificar…

Como telón de fondo, no explícito pero sobrenadando el poemario: lo personal desarrollándose en el contexto de los oscuros años setenta, afianzándose en los esperanzados ochenta, madurando en los confusos noventa.

Todo esto se despliega ante el lector en “Diario del forastero” en lo temático y conceptual. Y además la visión crítica en lo social y político –a través del crisol poético, no el panfleto- , y lo erótico y amoroso asoma (infaltable tópico en Pereira), y el tema específico de la guerra y su cruda realidad (en el pasado; en el presente).

Pero se trata -la de Pereira- de buena y auténtica poesía, en la que importa por sobre todo el lenguaje y la forma. El decir popular irrumpe en sus versos, se apodera del poema, lo resignifica, lo embellece de un modo que no tolerarían aquellos cenáculos de las bellas letras, cargadas de “alondras” y “suspiros” (hoy en su versión más enfática extinguidos, aunque sobreviviendo camuflados con ropajes posmodernos …) El poeta juega con palabras sin “prosapia”, del margen donde se mezclan e hibridan las lenguas, y las hace vibrar en el texto, les da ritmo, las muestra en su crudeza y en su belleza a través de la alquimia del verso: “Pardo pobre preto / provinciano” … “Del asilo / hijo de la fregona… Sabandija/ jetón/ quilombero” (de la sección del volumen titulada “Injurias”).

Un libro en definitiva, más que recomendable. De lo mejor que se ha publicado en el género en este año que va culminando.


“Diario del forastero (Partitura/reversiones)”, de Luis Pereira Severo. Sitio de Poesía 2025.

Se inicia la preventa de Diario del Forastero

Hasta el 31 de agosto se podrá efectuar la precompra del nuevo libro de poesía de Luis Pereira Severo, Diario del Forastero (partituras / reversiones). El trabajo recoge la producción reciente del autor, cuenta con un prólogo a cargo de la escritora Helena Corbellini y será editado por Sitio de Poesía. La portada y contraportada es realización de Diego Cubelli sobre obra de Jacinto Coco Galloso.

El libro en la venta anticipada tiene un costo de $400, y el pago estará habilitado hasta el 31 de agosto de 2025.

Las vías para la pre compra son: 

– Mediante transferencia bancaria a la cuenta BROU 000447394-00003.

– Vía web en el sitio https://espaciochamanga.uy/product/preventa-diario-del-forastero/

– Personalmente en la librería Espacio Chamangá, Sarandí 778, Maldonado.

Consultas o confirmación prepago al 092 317 149.

Luis Pereira Severo: La ternura del despojo

Gonzalo Fonseca

Hay en Pereira una poesía de la experiencia. A veces confesional, otras contemplativa, se detiene, referencial, en las vecindades y en las estancias vacías de tiempos peliagudos. De esa ilegalidad estacional devino construcción de hermandades múltiples: sujeto activo de las convulsiones políticas donde a los desagraviados había que buscarlos con espejos y lo imposible producía la sumisión en la irrealidad. Y ahí, en la resistencia, acciones poéticas colectivas. Como muestra: en solemne acto almorzarse al poeta de la patria en el Parque Hotel, en Sayago para no morder el polvo, con los Fabla, activismo social artístico. Pero antes de ser ese poeta isabelino expulsado hacia la costa supo ser cronista deportivo del semanario La Idea, cronista de cancha de inferiores y baby fútbol para CX 158 Radio Paso de los Toros y conductor de Tropicalísimo en la misma radio. Dentro de su prontuario debería figurar que fue secretario de redacción del semanario pro moscovita Liberación (suplemento del diario bolchevique La Hora); Directivo del CAUI, (Club Atlético Universitario Industrial, de la Escuela Industrial de Paso de los Toros) y de la Iglesia Metodista de la Aguada, Montevideo; que estudió periodismo con Leonel Tuana y Héctor López Reboledo; que realizó cursos de líderes en la Asociación Cristiana de Jóvenes y nadie maliciaría que alguien tan circunspecto hizo expresión corporal en AEBU, teatro con Alberto Restuccia e Iván Solarich de los que resultó su elegancia y graciosa figura. Anduvo por el Mar Negro cuando existía la URSS, se hizo periodista, fue redactor de Estediario, corresponsal en Maldonado de BRECHA y editó poesía en abundancia. También fue el responsable de ciclos literarios como Cultura de Miércoles, en el Montevideo de los 90’ o Jodido Jueves, en el Maldonado de los 2000 y pico. Gestor cultural, director municipal y tocador de tambores en una comparsa. Y es, cómo no, el number one de la editorial civiles iletrados, que lleva, indisputablemente, un (su) sello distintivo.

Luis Pereira Severo, Fotos de Paola Scagliotti

Su poética se remonta a 1980, donde arriesga imprimir abreviadamente la palabra compañeros en su libro inaugural “Murallas”: a los cros. de / experiencia III / y IV / cuando toda la maquinaria del miedo estaba en pleno funcionamiento. Sugerir “compañeros” en esa época donde por momentos (muchísimos, casi todos) lo dominante era el páramo, toda inspiración podía ser liquidada dichosamente y enterrada sin ser admitida. Entre hondonadas surge un lenguaje que comienza a ser elaborado con pobreza espartana consciente, la palabra ocupa dimensiones precisas: cajas de resonancia efectivas como signo ante la angustia de esas murallas reales. Ante la pomposidad militar, un retorno a la humildad en la escasez de recursos como instrumento intencional.

Antes los poetas eran buenos / escribían al alba / sobre Ia vida / orinaban / escrupulosamente ocultos / comulgaban / beatíficamente los domingos. // Ahora invocan con urgencia un lápiz / esgrimen Ia derrota por los poros / son sucios y arrugados / sus poemas.

Pero entre esos tabiques de encierro y resignación ya se entrevé en la pastoral de Pereira el encanto por lo femenino, que, de ahí en más, será una constante. La mirada de ese montevideano adoptivo, veinteañero, marcada por el humo de perros agonizantes y el carraspeo enfermo de los ómnibus, traduce el nacimiento de los días / desde cero / con una almohada en el grito / y ángeles en fuga / y mujeres rojas de cansancio, pese a todos los pesares.

Los dominios de las angustias y las reprimendas están presentes, luego caerá Berlín y renacerán los amores torrenciales: / mujeres como inviernos / o mujeres / como primavera. Señales con ilustraciones de bares sureños, ambientes reminiscentes, pequeñas historias sin altavoces y el abrazo de mujer, como alarido. Ante la parca, la solidaridad constante, el derecho al amor compartido con los desheredados de la tierra y en esa coexistencia el amanecer rompiendo olas // aunque la humanidad se venga encima. Lo anteriormente no dicho por imperativo gubernamental se hace explícito en una catarsis de nombres, siglas, partidos en manuales paródicos, en contraseñas de la memoria trasvasando las crueldades, que, como bien señaló Alfredo Fressia en su momento, sirven “más bien para señalar y ordenar un mundo de seres y objetos olvidados por la sociedad de consumo”. Evocaciones de los mares esteños conviven con parroquias y mujeres de múltiples nombres que, tajantemente, se corporizan en fotos en blanco y negro, vitrolas, gramófonos, banderas, recortes de diarios, sábanas de pensiones con la sombra de Onetti planeando zaguanes de un sutil azul parcamente sugerido y los trenes que partían para montevideo. Fascinado ante pantallas proyectoras de imágenes llenas de color al ritmo de distintas melodías va abandonando un gris de época para hacerse más fuerte la relación imagen – música – grafía, la luz y su proyección en los sonidos y su combinación armónica, aerosoles naranjas // tu voz en / el contestador automático. // aún no tengo video / no he leído a Balzac: Poemas de acción de un omnívoro sin límites en su perseverante vampirizar aljófares del cine, la pintura, la performance, el cómic, la moda, la radiodifusión, uniendo las experimentaciones con lo digital y lo mundano, ahora tocan otra música / matan palestinos ahora // ¿es que no tienes al menos un boleto de avión? / ¿no podrías enviarle un fax? (también matan judíos bebé) / ¿no habrá al menos un clip / que trate de la inmortalidad? poemas que extrañan, admiran y persiguen la lengua original y la rompiente mientras las fm me aturden // las fm trituran mi cabeza / la diosa de pepsi me excita // las fm están programadas.

Como en un caos ilusorio Pereira ronda sin hacerse el distraído por la realidad que le ha tocado vivir, asume culpas del pasado, carga con nobleza sus sueños cuarteados sin abdicar de creencias muy lejos del panfleto pero sí con profusión reivindicatoria de los habitantes del olvido, pasajeros de la nada, para citar a uno de los Fabla. O Como dice otro compinche (ERB) “El mundo que describe es siempre austero, la solidaridad con los “pobres del mundo”, una constante. Una pobreza conmovedora y una ausencia de cualquier riqueza, ostentación y a veces pareciera que hasta desprovista de cualquier necesidad material”.

Óyeme / no tengo dinero siquiera una tarjeta de crédito / (pero es imprescindible que pase la noche contigo / déjame mostrarte mi / silueta / de antiguo estalinista). // Jamás vayas a la cama con un poeta // no te convengo nena / oye / ¿no has aprendido a adeudar / cinco meses de alquiler?

La ironía, al aticismo pacen junto al descriptivismo: Ella cuelga en casa la foto del / nueve de defensor sporting / ¡santo dios, / huyamos a alguna parte! // ella se acuesta con el hombre que fue su amante veinte años atrás / ¿alguna chance para mí? /// hospitales siquiátricos públicos / yerba mate, mate cocido, corvinas / yerba mate, mate cocido, cuareim / yerba mate, mate cocido, la onda / yerba mate, mate cocido, parrillas / yerba mate, mate cocido, y puentes.

intento seducir poetisas / es más sano que ser gendarme o profesor / seducirlas y que / me escriban poemas y así / pasar a la inmortalidad. /// la granizada sobre las chapas / el chaperío el kennedy el barrio la / humedá / el caserío cartón piedra la / chapa de perdedor / los que nunca, fueron, propietarios /ni de la palabra / propietarios.

Contra el origen agonal y aristocrático de la areté, la meritocracia antigua, podemos anteponer la perduración de la obra del poeta como resultante de la ética y estética que trasciende la mera interiorización del mérito y del merecimiento.

Tal como dice Fernando Cabrera acerca de la obra poética de Pereira, “en ella se aprecia una permanente llaneza y enigma al mismo tiempo, tanto en los temas como en lo formal o estilístico. Que esas dos cosas vayan juntas creo que es el mayor logro de cualquier manifestación artística”. Como un contemporáneo Hölderlin, Pereira alcanza su madurez creativa desprendido de toda constricción formal.

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Publicado inicialmente en Extramuros, http://extramurosrevista.com/luis-pereira-severo-la-ternura-del-despojo/, 8/05/22

Fotos de Paola Scagliotti

¿Por qué son sucios estos versos?

𝗩𝗘𝗥𝗦𝗢 𝗥𝗘𝗩𝗘𝗥𝗦𝗢 (𝟮𝟮)⁣

Teresa Korondi

https://www.facebook.com/tere.korondi

⁣12.09.2022

¿Por qué son sucios estos versos? ¿Lo impuro y coloquial del lenguaje, la antilírica? ¿Lo en extremo cotidiano, verbalizar lo anormalmente naturalizado? ⁣

𝘖𝘵𝘳𝘰𝘴 𝑝𝘰𝘦𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘶𝘤𝘪𝘰𝘴 (𝘮𝘢𝘯𝘶𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘵𝘦𝘭𝘭𝘢𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢́𝘯𝘥𝘢𝘳) es el último libro de Luis Pereira Severo editado por Yauguru en 2022, y puede leerse como un homenaje explícito al 𝘗𝘰𝘦𝘮𝘢 𝘴𝘶𝘫𝘰 de Ferreira Gullar, poniendo en tensión las fronteras de lo que podría considerarse estrictamente lenguaje poético.⁣

⁣Una propuesta de lectura lumpen (“lo manya”) que a veces me recuerda al Desiderio de 𝘓𝘢 𝘻𝘢𝘯𝘫𝘪𝘵𝘢 – entre otras expresiones de la generación argentina del 90 – y pienso en una entrevista que le habían hecho hace un tiempo donde decía que el ámbito de la poesía era “el recital” y más me cierra esta asociación, porque la poesía de Pereira Severo también es para decirse en voz alta – y Luis la dice muy bien – para dejarse llevar por su sonoridad. Un ritmo, a veces desordenado pero no menos musical, que también está sucio porque es barroso cuando, por ejemplo, “buclean boquerones zanjas yuyerío” o porque evoca la antipoesía parriana tan propiamente performativa.⁣

Entrar en su mundo nos permite encontrar un amplio recorrido de las lecturas del autor y un diálogo con muchas voces (Szymborska, Ajmátova, Macu, Elder, Circe Maia, López Belloso, Bacci, Ciancio, Bourdieu, Simic por solo citar algunos nombres).⁣

⁣El poemario se divide en tres partes de contenidos variados: 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦𝘳𝘰 𝘐, 𝘎𝘢𝘳𝘶𝘢𝘥𝘢 y 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦𝘳𝘰 𝘐𝘐. Conjuntos de textos, algunos en prosa, algunos más narrativos que otros; donde principalmente y más allá de las temáticas, nos hallamos ante una reflexión sobre el lenguaje y la poesía, como si la ironía de los poemas titulados 𝘓𝘢 𝘪𝘯𝘶𝘵𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝑝𝘰𝘦𝘴í𝘢 𝘦𝘴 𝘰𝘣𝘷𝘪𝘢 o 𝘕𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘢𝘴 𝘦𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘯𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘵𝘪𝘷𝘰, fuesen afirmaciones antitéticas que sugieren precisamente lo contrario. Porque pese a que lo cotidiano, lo lunfardo, lo popular, lo “normal” te tironee entre los versos, la poesía está siempre presente, significativa y útil como un sacudón que puede cambiar un punto de vista o al menos intentarlo. Además se trata de una escritura preocupada por lo social y colectivo, por nuestra memoria, como un gesto de disidencia y resistencia creativa, una forma de sublevación* a partir del arte. ⁣

Por esto y por algunos textos con claro sesgo, nos enfrentamos a una sincera poética política, sin artilugios ni panfletos. Y porque promete una indagación profunda sobre la maquinación colectiva, maquinación en sentido deleuziano, como descomposición del consumo, la alienación, el sometimiento, la mentira.⁣

⁣Grave, rabiosa, provocadora, algunas veces dolorosa por la muerte/la ausencia, es una poesía que pervive y percude, “cruje estalla bordea/ bardo/ la palabra cruje”, hace ruido, percute. Un libro sucio, pero no opaco, del cual comparto algunos textos.⁣

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⁣(*) “Cuando la gente comienza una insurrección quiere decir que está cambiando la relación entre las palabras y los significados, que está dando nuevos significados a los signos circundantes y, lo que es más importante, que esta cambiando sus expectativas y reestructurando el campo mismo del deseo.” Franco “Bifo” Berardi. 𝘓𝘢 𝘴𝘶𝘣𝘭𝘦𝘷𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯. Buenos Aires: Hekht Libros, 2014, p122.⁣

LA LITERATURA NO ES UNA FOTOGRAFÍA DE LA REALIDAD

CON GABRIEL DI LEONE

(Estediario, 19/07/94)

«Ningún uruguayo juega a nada si le exigen que respete las reglas de juego»

Nacido en Minas en 1951, Gabriel Di Leone es el autor de 27 de Möebius y la capitana, libro presentado hace algunos días en Maldonado por Eladio Linacero Editor. Desde la pertinencia o no de la literatura en tiempos hegemonizados por los medios audiovisuales, hasta la experiencia de los talleres literarios en Maldonado, son abordados en esta larga entrevista. «Acontece que soy minuano, que soy maldonadense», dice Di Leone, quién defiende el ejercicio de la literatura como una tentativa mas allá del retrato, audaz, dispuesta a burlar las reglas de lo establecido, y a la vez atenta a la vigencia de las tradiciones.

¿ Desde cuando poeta ?

Desde que me reconozco siempre he pensado el mundo en términos reñidos con los parámetros llamados realistas para medir la cotidianeidad.

En realidad equivoqué la pregunta. Porque además de poeta eres narrador.

Escritor de cuentos, sí. Mi primeras experiencias fueron en el terreno de la narrativa. En la década del ochenta intervengo en concursos, uno de ellos organizado por la Junta Departamental. Lamentablemente después no se siguió con esa política por parte de las autoridades municipales de Maldonado.

Y bueno, después la vinculación a los talleres – primero al taller que dirigió Helena Corbellini, luego el Taller de Escritores Asociados de Maldonado que fundamos, después el grupo convocAreta.

Tu estuviste preso político por la dictadura.

Estuve preso desde enero de 1976 a julio del 82.

Que implicó para tu escritura ese período ?

Es muy poco lo que se puede escribir y conservar durante la prisión, por razones obvias. Es una situación de vida como de rata de laboratorio, bajo una inspección contínua, y es muy difícil conservar, salvo en la memoria ¿ no ? Lo mas importante de ese período fue el acceso a lecturas. Si bien había una censura muy encarnizada, de todas maneras se accedía a muchísimo material. Podías leer los clásicos, leer la narrativa del Siglo XIX, algo de narrativa latinoamericana, teoría literaria. Yo te diría que ese fue tal vez el aspecto mas importante que puede rescatar un escritor, si es que algo puede rescatarse en esas circunstancias.

Y claro, estamos dando por descontado todo lo que significa el nivel de vivencias. Hablamos de lo que es estrictamente literatura.

Salimos del 82. Que influencia positiva o negativa, que visión tenés vos acerca del trabajo en un taller literario en general y de tus experiencias en particular. Y luego que influencias personales podés marcar como referencia en tu obra.

Habría que decir en el principio fue Helena Corbellini. Los participantes de la experiencia de taller con Helena seguimos debiendo una discusión, un análisis incluso nacional para hacer un balance de lo positivo y de lo negativo. Los talleres fueron una iniciativa del Ministerio de Cultura en colaboración con las intendencias y las juntas departamentales.

Hay que hablar del espíritu de locomotora de Helena en cuanto a animar, a la agitación… Al hacer y promover que se hiciera. Lo que quizás un poco sorprendió y sacudió una cantidad de preconceptos y de estructuras fosilizadas en la sociedad maldonadense… Que no solo son atribuibles a la dictadura…

Creo que la de los talleres es una experiencia muy válida y muy importante para el que viene haciendo algo en el terreno de la escritura. Sobre todo si el orientador aporta la información debida y el espíritu de amplitud, de curiosidad, de rigor analítico necesario. De no hacer concesiones, de no caer en círculos de amigos o esos círculos de aplausos eternos que caracterizan a veces a tantas novelas donde se describe esas vidas pueblerinas. La orquestita, el grupo de poetas que toda la vida escriben lo mismo. Que el taller se transforme en un mecanismo vivo, provocativo, muchas veces irreverente, muchas veces rupturista. Y muchas veces también rescatador de una tradición.

Se formó en ese momento acá un grupo muy potente, que encaró la publicación de Asterisco, movimientos que caracterizaron en cierta medida a toda esa etapa de salida. Años 1986 al 89.

No me has respondido acerca de tus lecturas o referencias. Te amplio la pregunta. Cuales son tus afluentes, referentes ?

Creo que la experiencia límite que tantos seres humanos han vivido, no solo los uruguayos…, y el tener de pronto la necesidad y al mismo tiempo la oportunidad de verlos a la luz de una batería de recursos intelectuales, de análisis, mucho mas grande de los que en sucesos parecidos se dispuso antes… Cuando uno tiene la oportunidad y la obligación de expresarlo, de testimoniarlo, se plantea muchísimas cosas. Las posibilidades del lenguaje, la licitud o no de lo que uno escribe. La preocupación de no transformar en ficción algo que fue tan impresionantemente real pero al mismo tiempo que se transforma en ficción por el hecho de ser escrito.

Eso a veces aparece a nivel de lenguaje. Cuando uno renuncia a la explicación o a lo que es la simple descripción de la realidad y opta por una escritura que de pronto hurga mas en el lector, busca que el lector sienta, consienta, busque por sí mismo… Mas que darle una especie de fotografía o de álbum de una situación posiblemente vivida.

Yo leí mucho. Antes, durante y después de la prisión. Narrativa latinoamericana, novela indigenista. La narrativa nuestra de denuncia social que creo cumplió un papel importante, me marcó mucho en la juventud. Me ayudó mucho en la formación de mi conciencia personal…

Tu literatura es una especie de cruce entre la tradición literaria, el respeto a una tradición, y la ruptura con ella. Quiero que me hables de tu poesía en particular.

En primer lugar hay una cosa que es difícil de medir y que es la avidez lectora de un tipo que está preso y que tiene la posibilidad de leer. No lo digo como defensa de ese eclectisismo que tu señalas. No es una justificación, pero forma parte de la curiosidad que uno siente en esas circunstancias. Los clásicos, el realismo francés del siglo XIX, Balzac, Sthendal, los románticos, Víctor Hugo… Toda la literatura francesa que todos sabemos ha sido una especie de condena sobre nuestra literatura… Y después, los poetas españoles, sobre todo los vinculados a la generación del 98, los que vivieron la experiencia de la guerra civil española. León Felipe en primer lugar, Machado, Alberti, Alexaindre, Juan Ramón Gimenez… El Lorca de Poeta en Nueva York mas que nada… Por ese lado pasaban las influencias, las canteras… Luego me fui definiendo por un costado de la literatura uruguaya, si es que podemos hablar de tal, que de pronto no es de difusión masiva, el mas popular. Te hablo de Onetti en primer lugar… Y acercándome a experiencias de poetas jóvenes como Gabriel Peveroni, Elder Silva…

Yo creo en la vigencia de los talleres. Pero la necesidad de acentuar una búsqueda personal con ese costado de la literatura del que te hablaba fue lo que me acerco a convocareta.

A veces se cree que hay por parte de uno una voluntad de dificultad, de ser raro… De ser críptico, de no ser entendido. Si yo escribiera para que me entiendan escribiría textos para educación o estaría haciendo periodismo de divulgación. Lo que quiero es que alguien esté cerca de mi manera de ver el mundo. Y tampoco puedo dar esa visión completamente elaborada porque no la tengo. Tengo tendencias, tropismos… Atracciones y rechazos…

Intento compartir eso. Y acercándome a una estética que no es contemplativa es cierto. No trato de amoldarme a lo establecido. Trato de jugar, y jugar no es, mucho menos para los uruguayos, respetar las reglas de juego. Ningún uruguayo juega a nada si le exigen que respete las reglas de juego…

Escritor desde el interior. Mas allá de que Maldonado es un sitio especial del interior, en un país organizado en función de Montevideo.

Yo te robaría una frase de Jorge Amado: ‘Acontece que sou bahiano’. Te diría ‘acontece que soy minuano, que soy maldonadense… Me crié diez años en campaña en un campo que es atravesado por el límite departamental. La casa tiene un pedacito de campo en Maldonado y el resto en Lavalleja. Puntas de Pan de Azúcar. Me crié a 1 Km. de una mina de cobre. Tengo parientes mineros. De las minas ya no queda prácticamente vestigio sino la propia mina. Ya nadie recuerda que es minero.

La poesía es un hacer estrictamente personal. ¿ Como puede escribir un tipo que se cría hasta los diez años en campaña, que va a la escuela a caballo, que hace un período de su formación en la capital del interior. Que va a la Universidad. Que en un barrio de Minas ve una noche brumosa la llegada del hombre a la luna. Que coexiste con Los Beatles, con la revolución cubana, con la informática, la robotización de la producción, los automoviles japoneses que pasan por la misma vida del mismo tipo que un día se baja de un ómnibus en Montevideo, vive la experiencia del fascismo a la uruguaya, que se baja de un ómnibus en el barrio y ve a un paisano con el caballo atado frente a un bar mirando por televisión la guerra del golfo en colores. ¿ Como puede escribir un tipo así ? No puede escribir como Acevedo Díaz. No puede escribir como Torres García pintaba. No puede escribir como Pablo Neruda. Tiene escribir como él vive. A mi me gusta el fútbol, mucho. Nunca jugaré al fútbol con un adoquín. Eso es lógica elemental tonta. Pero sí jugaría con una pelota de trapo.

Mi poesía no es irreverente porque tenga un propósito de ser irreverente ni es tradicionalista porque tenga el propósito de ser tradicionalista. No intento conservar nada ni ser la vanguardia de nadie. No intento reivindicar el interior, o reivindicar la escritura frente a los medios. Creo que competir con la palabra y la página en blanco con medios poderosísimos como los medios audiovisuales es posible, es digno, es un buen desafío, pero no se trata de competir. Se trata de convivir y de compartir un espacio de comunicación. Es posible una estética a nivel de la palabra escrita que conviva dignamente con la estética de los medios audiovisuales masivos, con toda su terrible magnificencia. No tengo una voluntad de universalidad. Yo no escribo diciendo que en el interior también se escribe: soy la prueba de que en el interior también se escribe. Se escribe tan bien y tan mal como en la capital. Y en la capital se escribe muy mal. Y en la capital se escribe muy bien.

De "La confabulación de las arañas"

 

 
Hay una relación dialéctica entre sociedad y obra literaria, pero dicha reciprocidad no quiere decir que lo social se imponga en el proceso de dicción del texto, predeterminando su particularidad final. Lo social es una matriz categorial y participante del diseño estructural, pero su actualidad expresiva puede adoptar reverberaciones discursivas diversas. No es correcto creer que dicha actualidad se logre mediante “la lógica interna del contenido”, según lo propuesto por Fredric Jameson —en Marxismo y forma—, sino más bien por la documentación social comprendida en la forma, entendiendo por forma la relación que se establece entre las palabras para producir una significación diferenciadora. El irresuelto conflicto entre el sujeto productor y su contexto se dirime en el propio poema que, por ende, tendrá una manifiesta conflictividad; el texto aceptará ser reescrito por nuevas y complementarias lecturas. En su imagen conflictiva se verifica un rechazo a la explicitud y a la consecutividad: el autor fractura el lenguaje del poder. Estamos ante un habla que se despoja de las discursividades culturales mayores, des-estratificándolas léxica, fonética y sintácticamente. El resultado, en Pereira Severo, es el de una escritura de la sobriedad que resiste la decodificación estándar y quiebra la relación del binomio significante-significado. Y ese quiebre se produce desde la ironía de quien ha visto la corrosión de los grandes relatos y desde un ludismo muy cercano a la irreverencia pop, plegándose sobre sí misma. El resultado es un registro diferente del de la codificación de la máquina gregaria social: el de la extranjería, en particular, aquella que es promovida por la proliferación de citas de guiones cinematográficos o canciones traducidas en un castellano neutro. La cita hace consciente el origen plural de todo acto de escritura, explicita la referencia que ya está en cada coma, en cada paso incorporado. Se puede decir que en cada declaración prestada, en cada intervalo entre dos términos, se esconde una pausa que pone en evidencia aquello de que todo acto de creación es una manifestación polifónica, indeterminada de decisiones singulares en el proceso, pero que no se pueden concebir de antemano. Es el llevar a cabo una destrucción sistemática de ese decir avasallante para que, en su lugar, el trayecto de un nuevo poder y un nuevo saber se instale, mediatizándose por una sintaxis en constante resurgimiento. Solo a partir de allí, la lengua consigue revelar su afuera, enfrenta y sortea la fragmentariedad cinemática donde no solo se han visto: “… fresas de la amargura / y a pier paolo passolini en “el evangelio según san mateo” / y policías que corrían tras el matrero todas las cintas / y películas varias que no integran el programa de raimondi los lunes/ franceses, y / filmes sobre el desamparo y el mismo desamparo —no era un personaje—, en el cine / de sarandí grande, y en el roma / y cantantes melódicos y crónicas / y el diario el plata y bp color y la tribuna / y el cine arte del salvo, / y a león lev entrar y ver una de tarkovski y cine de georgia años después / y vi a políticos de izquierda hablar de acumulación de fuerza s/ y a ti cambiarte de camiseta debajo de una llovizna de esas que justifican la literatura”. Toda esta secuencia enumerativa no parece mostrar otra forma de expresión que la que se genera en un pliegue entre el sonido articulado y el silencio. Al igual que el cine mismo, tan omnipresente en la producción de Pereira Severo.
 
Martín Palacio Gamboa, La confabulación de las arañas, poesía uruguaya actual, detodoslosmares, Córdoba, Argentina, 2018

 

LA MEMORIA COMO ACTO DE POSESIÓN

En la sexta década de su vida y tras una media docena larga de volúmenes poéticos sobre sus espaldas, Luis Pereira Severo, nacido en Paso de los Toros, transitorio montevideano y fernandino de muchos años, propone una edición ampliada de “Poemas para mi novia extranjera” (Civiles Iletrados).
Elbio Rodríguez Barilari, revista Relaciones, Mayo 2018


Ya desde los ochentas, observadores desprejuiciados como los que escasean en el claustrofóbico mundillo literario uruguayo, habrían advertido la presencia de una voz mayor, sostenida, coherente, recatada e intensa al mismo tiempo.

Hay un par de razones para que la obra de Pereira no haya alcanzado hasta ahora la visibilidad y el reconocimiento que se merece. Por un lado, la ubicación excéntrica de ese poeta que nunca ha sido ni obsecuente ni genuflexo ante los protocolos feudales del medio. Y por otro, el racismo corriente de la “intelligentsia” uruguayensis ante autores que no sean del todo blancos, como Pereira, como Macunaíma, como Víctor Cunha, como Elder Silva, como Julio Garategui. Un racismo que no por solapado y vergonzante ha sido menos injusto y miope.

El extemporáneo Premio Nacional de Literatura que fue derramado sobre Pereira en 2017, tan merecido como inesperable, parece, por ahora, un extraño accidente, un error de cálculo del sistema.

La poesía de Pereira, escéptica y dolida al mismo tiempo, escéptica por dolida, dotada de un sarcasmo a largo plazo digamos, constituye el tipo de comentario no servicial, no maniqueo, no tranquilizador en el plano ideológico que el establishment culturoso uruguayo, limitado a dos o tres órganos de prensa, un minúsculo ámbito académico y las direcciones de cultura de la IMM y del MEC, no suele acoger con benevolencia.

Como muchos otros artistas de su generación, Pereira todavía batalla con la ruptura de sus sueños bolcheviques. Algunos sofocan esa batalla, la acallan. Otros se golpean el pecho y se declaran engañados, incluso estafados. Con coraje, Pereira elige la lucidez y la lealtad. Ni se llama a engaño sobre la quiebra de ese modelo, ni renuncia a la utopía traicionada por los comisarios soviéticos y vernáculos.

En los 80’s, a la salida de la dictadura, me tocó dar junto con otros, como los mencionados Víctor Cunha y Macunaíma, una pelea desigual contra los comisarios culturales de la literatura nacional, comunistas, excomunistas, tupamaros y extupamaros que se adueñaron de la directiva de ASESUR, la Asociación de Escritores del Uruguay, y se pusieron a repartirse cargos y prebendas, mayormente viajes a Cuba, Checoslovaquia, Hungría, la URSS y alguna ocasional excursión a España, Argentina o Brasil.

Nunca hubo duda de la lealtad de Pereira a aquéllos sueños rotos o en cuestión. Pero tampoco de su ética, de su condición “orejana” y anti-autoritaria. Mientras tanto los comisarios mandaban comunicados de prensa a “La Hora”, a “Brecha” y a “El País” adornándonos con adjetivos tan pintorescos como “agentes disolventes” y “divisionistas”, hablando de nuestros “fines oscuros” y declarándose en “estado de alerta”.

Nuestra respuesta fue el humor, el ridículo, un panfleto literario llamado “El Boñato Ilustrado”, con eñe, y un ciclo de poesía en el boliche “Amarcord”, intitulado “Cultura de Miércoles” que duró dos años y por el cual pasó todo el mundo.

Ante el arma del ridículo, los solemnes comisarios implodieron, como ocurre siempre. Hoy los comisarios ya casi no existen. Solamente existe ese pequeño núcleo feudal atrincherado en “páginas culturales” y en la burocracia. Y de nuestra parte, evolucionamos en lo que Lawrence Ferlinghetti ha bautizado como los urubeatniks.

Los urubeatniks, como los beatniks originales, no formamos un grupo y nunca hemos querido ser un grupo. Somos gente con coincidencias generacionales, que hemos leído a los mismos poetas y escuchado a los mismos músicos, y que por algún motivo hemos elegido la intemperie en lugar de las certezas dogmáticas.

Todavía están frescos el impacto y la tinta de “Ontheroadagain”, el más reciente libro de Macunaíma. Ahora se publica este volumen ampliado de Pereira y se anuncia la pronta aparición de libros de Elder Silva y Víctor Cunha. Me cabe el honor de ser el quinto Urubeatnik vivo, ya que el sexto sería Darnauchans, y soy el único no poeta, sino músico y prosista, el papel que le cupo a David Amram en la pandilla original, supongo.

Mientras que “Ontheroadagain” es un libro deliberadamente beatnik y urubeatnik, de acuerdo a la naturaleza efusiva y a la estética estridentista de Macunaíma, lo de Pereira es más la contención, el recato, el cultivo de cierta distancia.

Del Pereira temprano recuerdo su apego al exteriorismo de Ernesto Cardenal. Pero, hijos poéticos de Idea Vilariño, ni Pereira ni Elder Silva, los más cardenalistas de esta generación, han sido propensos a las formas extendidas que prefiere el vate nicaragüense.

El exteriorismo de Cardenal y la importancia dada lo circunstancial que viene de la escuela beatnik, le sirven a Pereira para controlar la intensidad emocional del poema. No hay un flujo incontrolado de la conciencia, como en William Burroughs o lo más torrencial de Allen Ginsberg. En vez de eso hay mesura, recato y un ocasional, bien calculado zarpazo.

Pereira finge aceptar una existencia módica:

mi modelo es / pasar la noche / como el personaje de / una serie de tevé de / historias de hospital / mostrador de restorán barato / whisky con dos piedras de hielo / una picada de fiambre y / luego la tevé por cable / encendida / como ninguna.

Excepto que no estamos seguros de que esa sea LA realidad, o una realidad copiada de la TV. El personaje en primera persona de Pereira se contempla vivir. Es un personaje auto-consciente, que vive en su cabeza tanto o más que en el mundo circundante. La poesía viene a compensar por la realidad que falta.

La era de las dictaduras, de las torturas y encarcelamientos, de la represión y la censura son presencias recurrentes, un trauma histórico indeleble en la visión del personaje-poeta junto a la caída del Muro y la crisis del socialismo real.

El mundo que describe es siempre austero, la solidaridad con los “pobres del mundo”, una constante. Una pobreza conmovedora y una ausencia de cualquier riqueza, ostentación y a veces pareciera que hasta desprovista de cualquier necesidad material.

Las riquezas, lo que se vive como un valor, una adquisición, son la poesía, la música, y el amor nunca explícito, nunca explosivo, muchas veces postergado o perdido.

Es una poesía de la memoria ¿cuál no lo es? Pero lo que en otras voces poéticas se refleja como pérdida, como vacío o como nostalgia, en Pereira parece ser exactamente lo opuesto, la memoria como posesión. Solamente se posee auténticamente aquello que uno es capaz de recordar y evocar. 

En ese sentido, la de Pereira no resulta una poesía melancólica, que mitologice la pérdida, sino una poesía que atesora y recuenta esas memorias.

Una diferencia esencial, que separa a Pereira de los precedentes beatniks y exterioristas por igual, es que a través de un largo proceso de aprendizaje y refinamiento, se ha convertido en un maestro del poema con vuelta de tuerca. Esto es, el poema que describe o evoca, muchas veces con un aire casual, para que solamente al final se produzca la revelación, muchas veces en una sola línea que cambia todo el sentido de lo ya dicho y que obliga a releer el poema hacia atrás.

A veces la vuelta de tuerca apela a la ironía, es éste un poeta que insiste en desacralizar al poeta como “sufridor”, lo cual se agradece doblemente cuando tantas veces la supuesta poesía actual nos coloca ante patéticas descargas de auto conmiseración, donde claramente se confunde poesía con catarsis y terapia. 

El estoicismo pereiriano, muy acertadamente señalado por Alfredo Fressia en su excelente prólogo, es sin duda una de las virtudes del libro. Lejos de contemplar a un Narciso herido regodeándose en su dolor, nos topamos con un poeta que mira a la historia, la colectiva y la personal, cara a cara y con un rictus irónico. Después de todo, el autor sabe, y sabemos nosotros, que “hay poemas de Gullar o Zurita en las mesas de liquidación”. No nos tomemos tan en serio, que al final, es sólo poesía.

En ocasiones el humor se encrespa, de la ironía al sarcasmo, como en las líneas con las que azuza a ciertos reseñistas del medio criollo:

torturemos doncellas, poeta/ confundamos a nuestros biógrafos/ compartamos musa, poeta/ provoquemos a Ciancio, Brando, Rosario/ Larre Borges.

Sus afinidades y amistades poéticas incluyen desde Hans Magnus Enzensberger hasta el peruano Antonio Cisneros, desde los mencionados Ferreira Gullar y Raúl Zurita, hasta Washington Benavídes y sus co-generacionales y co-urubeatniks Macunaíma, Elder Silva y Víctor Cunha. 

Las deudas literarias están pagas desde hace rato, las influencias, digeridas hasta hacerse irreconocibles. Estamos ante un poeta decantado, añejado, depurado y que viene a recoger, como otros de nuestra generación, los estandartes que supieron llevar Idea Vilariño, Benavídes, Salvador Puig. En el caso de Pereira, el de Puig más que nada. Y es mucho decir.