Se inicia la preventa de Diario del Forastero

Hasta el 31 de agosto se podrá efectuar la precompra del nuevo libro de poesía de Luis Pereira Severo, Diario del Forastero (partituras / reversiones). El trabajo recoge la producción reciente del autor, cuenta con un prólogo a cargo de la escritora Helena Corbellini y será editado por Sitio de Poesía. La portada y contraportada es realización de Diego Cubelli sobre obra de Jacinto Coco Galloso.

El libro en la venta anticipada tiene un costo de $400, y el pago estará habilitado hasta el 31 de agosto de 2025.

Las vías para la pre compra son: 

– Mediante transferencia bancaria a la cuenta BROU 000447394-00003.

– Vía web en el sitio https://espaciochamanga.uy/product/preventa-diario-del-forastero/

– Personalmente en la librería Espacio Chamangá, Sarandí 778, Maldonado.

Consultas o confirmación prepago al 092 317 149.

Luis Pereira Severo: La ternura del despojo

Gonzalo Fonseca

Hay en Pereira una poesía de la experiencia. A veces confesional, otras contemplativa, se detiene, referencial, en las vecindades y en las estancias vacías de tiempos peliagudos. De esa ilegalidad estacional devino construcción de hermandades múltiples: sujeto activo de las convulsiones políticas donde a los desagraviados había que buscarlos con espejos y lo imposible producía la sumisión en la irrealidad. Y ahí, en la resistencia, acciones poéticas colectivas. Como muestra: en solemne acto almorzarse al poeta de la patria en el Parque Hotel, en Sayago para no morder el polvo, con los Fabla, activismo social artístico. Pero antes de ser ese poeta isabelino expulsado hacia la costa supo ser cronista deportivo del semanario La Idea, cronista de cancha de inferiores y baby fútbol para CX 158 Radio Paso de los Toros y conductor de Tropicalísimo en la misma radio. Dentro de su prontuario debería figurar que fue secretario de redacción del semanario pro moscovita Liberación (suplemento del diario bolchevique La Hora); Directivo del CAUI, (Club Atlético Universitario Industrial, de la Escuela Industrial de Paso de los Toros) y de la Iglesia Metodista de la Aguada, Montevideo; que estudió periodismo con Leonel Tuana y Héctor López Reboledo; que realizó cursos de líderes en la Asociación Cristiana de Jóvenes y nadie maliciaría que alguien tan circunspecto hizo expresión corporal en AEBU, teatro con Alberto Restuccia e Iván Solarich de los que resultó su elegancia y graciosa figura. Anduvo por el Mar Negro cuando existía la URSS, se hizo periodista, fue redactor de Estediario, corresponsal en Maldonado de BRECHA y editó poesía en abundancia. También fue el responsable de ciclos literarios como Cultura de Miércoles, en el Montevideo de los 90’ o Jodido Jueves, en el Maldonado de los 2000 y pico. Gestor cultural, director municipal y tocador de tambores en una comparsa. Y es, cómo no, el number one de la editorial civiles iletrados, que lleva, indisputablemente, un (su) sello distintivo.

Luis Pereira Severo, Fotos de Paola Scagliotti

Su poética se remonta a 1980, donde arriesga imprimir abreviadamente la palabra compañeros en su libro inaugural “Murallas”: a los cros. de / experiencia III / y IV / cuando toda la maquinaria del miedo estaba en pleno funcionamiento. Sugerir “compañeros” en esa época donde por momentos (muchísimos, casi todos) lo dominante era el páramo, toda inspiración podía ser liquidada dichosamente y enterrada sin ser admitida. Entre hondonadas surge un lenguaje que comienza a ser elaborado con pobreza espartana consciente, la palabra ocupa dimensiones precisas: cajas de resonancia efectivas como signo ante la angustia de esas murallas reales. Ante la pomposidad militar, un retorno a la humildad en la escasez de recursos como instrumento intencional.

Antes los poetas eran buenos / escribían al alba / sobre Ia vida / orinaban / escrupulosamente ocultos / comulgaban / beatíficamente los domingos. // Ahora invocan con urgencia un lápiz / esgrimen Ia derrota por los poros / son sucios y arrugados / sus poemas.

Pero entre esos tabiques de encierro y resignación ya se entrevé en la pastoral de Pereira el encanto por lo femenino, que, de ahí en más, será una constante. La mirada de ese montevideano adoptivo, veinteañero, marcada por el humo de perros agonizantes y el carraspeo enfermo de los ómnibus, traduce el nacimiento de los días / desde cero / con una almohada en el grito / y ángeles en fuga / y mujeres rojas de cansancio, pese a todos los pesares.

Los dominios de las angustias y las reprimendas están presentes, luego caerá Berlín y renacerán los amores torrenciales: / mujeres como inviernos / o mujeres / como primavera. Señales con ilustraciones de bares sureños, ambientes reminiscentes, pequeñas historias sin altavoces y el abrazo de mujer, como alarido. Ante la parca, la solidaridad constante, el derecho al amor compartido con los desheredados de la tierra y en esa coexistencia el amanecer rompiendo olas // aunque la humanidad se venga encima. Lo anteriormente no dicho por imperativo gubernamental se hace explícito en una catarsis de nombres, siglas, partidos en manuales paródicos, en contraseñas de la memoria trasvasando las crueldades, que, como bien señaló Alfredo Fressia en su momento, sirven “más bien para señalar y ordenar un mundo de seres y objetos olvidados por la sociedad de consumo”. Evocaciones de los mares esteños conviven con parroquias y mujeres de múltiples nombres que, tajantemente, se corporizan en fotos en blanco y negro, vitrolas, gramófonos, banderas, recortes de diarios, sábanas de pensiones con la sombra de Onetti planeando zaguanes de un sutil azul parcamente sugerido y los trenes que partían para montevideo. Fascinado ante pantallas proyectoras de imágenes llenas de color al ritmo de distintas melodías va abandonando un gris de época para hacerse más fuerte la relación imagen – música – grafía, la luz y su proyección en los sonidos y su combinación armónica, aerosoles naranjas // tu voz en / el contestador automático. // aún no tengo video / no he leído a Balzac: Poemas de acción de un omnívoro sin límites en su perseverante vampirizar aljófares del cine, la pintura, la performance, el cómic, la moda, la radiodifusión, uniendo las experimentaciones con lo digital y lo mundano, ahora tocan otra música / matan palestinos ahora // ¿es que no tienes al menos un boleto de avión? / ¿no podrías enviarle un fax? (también matan judíos bebé) / ¿no habrá al menos un clip / que trate de la inmortalidad? poemas que extrañan, admiran y persiguen la lengua original y la rompiente mientras las fm me aturden // las fm trituran mi cabeza / la diosa de pepsi me excita // las fm están programadas.

Como en un caos ilusorio Pereira ronda sin hacerse el distraído por la realidad que le ha tocado vivir, asume culpas del pasado, carga con nobleza sus sueños cuarteados sin abdicar de creencias muy lejos del panfleto pero sí con profusión reivindicatoria de los habitantes del olvido, pasajeros de la nada, para citar a uno de los Fabla. O Como dice otro compinche (ERB) “El mundo que describe es siempre austero, la solidaridad con los “pobres del mundo”, una constante. Una pobreza conmovedora y una ausencia de cualquier riqueza, ostentación y a veces pareciera que hasta desprovista de cualquier necesidad material”.

Óyeme / no tengo dinero siquiera una tarjeta de crédito / (pero es imprescindible que pase la noche contigo / déjame mostrarte mi / silueta / de antiguo estalinista). // Jamás vayas a la cama con un poeta // no te convengo nena / oye / ¿no has aprendido a adeudar / cinco meses de alquiler?

La ironía, al aticismo pacen junto al descriptivismo: Ella cuelga en casa la foto del / nueve de defensor sporting / ¡santo dios, / huyamos a alguna parte! // ella se acuesta con el hombre que fue su amante veinte años atrás / ¿alguna chance para mí? /// hospitales siquiátricos públicos / yerba mate, mate cocido, corvinas / yerba mate, mate cocido, cuareim / yerba mate, mate cocido, la onda / yerba mate, mate cocido, parrillas / yerba mate, mate cocido, y puentes.

intento seducir poetisas / es más sano que ser gendarme o profesor / seducirlas y que / me escriban poemas y así / pasar a la inmortalidad. /// la granizada sobre las chapas / el chaperío el kennedy el barrio la / humedá / el caserío cartón piedra la / chapa de perdedor / los que nunca, fueron, propietarios /ni de la palabra / propietarios.

Contra el origen agonal y aristocrático de la areté, la meritocracia antigua, podemos anteponer la perduración de la obra del poeta como resultante de la ética y estética que trasciende la mera interiorización del mérito y del merecimiento.

Tal como dice Fernando Cabrera acerca de la obra poética de Pereira, “en ella se aprecia una permanente llaneza y enigma al mismo tiempo, tanto en los temas como en lo formal o estilístico. Que esas dos cosas vayan juntas creo que es el mayor logro de cualquier manifestación artística”. Como un contemporáneo Hölderlin, Pereira alcanza su madurez creativa desprendido de toda constricción formal.

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Publicado inicialmente en Extramuros, http://extramurosrevista.com/luis-pereira-severo-la-ternura-del-despojo/, 8/05/22

Fotos de Paola Scagliotti

¿Por qué son sucios estos versos?

𝗩𝗘𝗥𝗦𝗢 𝗥𝗘𝗩𝗘𝗥𝗦𝗢 (𝟮𝟮)⁣

Teresa Korondi

https://www.facebook.com/tere.korondi

⁣12.09.2022

¿Por qué son sucios estos versos? ¿Lo impuro y coloquial del lenguaje, la antilírica? ¿Lo en extremo cotidiano, verbalizar lo anormalmente naturalizado? ⁣

𝘖𝘵𝘳𝘰𝘴 𝑝𝘰𝘦𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘶𝘤𝘪𝘰𝘴 (𝘮𝘢𝘯𝘶𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘵𝘦𝘭𝘭𝘢𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢́𝘯𝘥𝘢𝘳) es el último libro de Luis Pereira Severo editado por Yauguru en 2022, y puede leerse como un homenaje explícito al 𝘗𝘰𝘦𝘮𝘢 𝘴𝘶𝘫𝘰 de Ferreira Gullar, poniendo en tensión las fronteras de lo que podría considerarse estrictamente lenguaje poético.⁣

⁣Una propuesta de lectura lumpen (“lo manya”) que a veces me recuerda al Desiderio de 𝘓𝘢 𝘻𝘢𝘯𝘫𝘪𝘵𝘢 – entre otras expresiones de la generación argentina del 90 – y pienso en una entrevista que le habían hecho hace un tiempo donde decía que el ámbito de la poesía era “el recital” y más me cierra esta asociación, porque la poesía de Pereira Severo también es para decirse en voz alta – y Luis la dice muy bien – para dejarse llevar por su sonoridad. Un ritmo, a veces desordenado pero no menos musical, que también está sucio porque es barroso cuando, por ejemplo, “buclean boquerones zanjas yuyerío” o porque evoca la antipoesía parriana tan propiamente performativa.⁣

Entrar en su mundo nos permite encontrar un amplio recorrido de las lecturas del autor y un diálogo con muchas voces (Szymborska, Ajmátova, Macu, Elder, Circe Maia, López Belloso, Bacci, Ciancio, Bourdieu, Simic por solo citar algunos nombres).⁣

⁣El poemario se divide en tres partes de contenidos variados: 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦𝘳𝘰 𝘐, 𝘎𝘢𝘳𝘶𝘢𝘥𝘢 y 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦𝘳𝘰 𝘐𝘐. Conjuntos de textos, algunos en prosa, algunos más narrativos que otros; donde principalmente y más allá de las temáticas, nos hallamos ante una reflexión sobre el lenguaje y la poesía, como si la ironía de los poemas titulados 𝘓𝘢 𝘪𝘯𝘶𝘵𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝑝𝘰𝘦𝘴í𝘢 𝘦𝘴 𝘰𝘣𝘷𝘪𝘢 o 𝘕𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘢𝘴 𝘦𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘯𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘵𝘪𝘷𝘰, fuesen afirmaciones antitéticas que sugieren precisamente lo contrario. Porque pese a que lo cotidiano, lo lunfardo, lo popular, lo “normal” te tironee entre los versos, la poesía está siempre presente, significativa y útil como un sacudón que puede cambiar un punto de vista o al menos intentarlo. Además se trata de una escritura preocupada por lo social y colectivo, por nuestra memoria, como un gesto de disidencia y resistencia creativa, una forma de sublevación* a partir del arte. ⁣

Por esto y por algunos textos con claro sesgo, nos enfrentamos a una sincera poética política, sin artilugios ni panfletos. Y porque promete una indagación profunda sobre la maquinación colectiva, maquinación en sentido deleuziano, como descomposición del consumo, la alienación, el sometimiento, la mentira.⁣

⁣Grave, rabiosa, provocadora, algunas veces dolorosa por la muerte/la ausencia, es una poesía que pervive y percude, “cruje estalla bordea/ bardo/ la palabra cruje”, hace ruido, percute. Un libro sucio, pero no opaco, del cual comparto algunos textos.⁣

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⁣(*) “Cuando la gente comienza una insurrección quiere decir que está cambiando la relación entre las palabras y los significados, que está dando nuevos significados a los signos circundantes y, lo que es más importante, que esta cambiando sus expectativas y reestructurando el campo mismo del deseo.” Franco “Bifo” Berardi. 𝘓𝘢 𝘴𝘶𝘣𝘭𝘦𝘷𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯. Buenos Aires: Hekht Libros, 2014, p122.⁣

Luis Pereira Severo: una lengua que nos dice

En Otros poemas sucios (manual de castellano estándar), Luis Pereira Severo, desde el título y el subtítulo correspondiente, nos b­rinda las coordenadas para ingresar en el territorio, el universo de su poética. La suciedad a la que se refiere no es otra que el efecto que le imprimen los hablantes a nuestro instrumento de comunicación: el lenguaje cotidiano. Juan de Valdés, en su Diálogo de la lengua (ca.1535) refiere: “…he aprendido la lengua latina por arte y libros y la castellana por uso, de manera que de la latina podría dar cuenta por el arte y los libros en que aprendí, y de la castellana no, sino por el uso común de hablar…”.

Lo ‘estándar’, alternativa elegida como modelo o criterio de referencia lingüística, signa de alguna manera el proceso, el desarrollo de nuestro idioma en esta zona periférica del planeta, desde aquellos días lejanos en que arribaron a América las carabelas tripuladas por españoles de toda laya y condición, comandadas por un italiano.

El Río de la Plata, la Mar Dulce de Solís, cuenta con dos capitales, Montevideo y Buenos Aires, cuyos puertos fueron la puerta de entrada de cientos de miles de inmigrantes de diverso origen. Extranjeros que debieron someterse a una nueva realidad, y que conjuntamente con los nativos y criollos configuraron la lengua que, con las particularidades propias de ambas ciudades, con sus respectivas marcas en el orillo, nos define. Y que, además, comparten un género literario propio, La Gauchesca, que se origina con los Cielitos combativos y batalladores de Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788, Morón, Buenos Aires, 1822). Poeta y patriota que con osadía y claridad no solo persigue la independencia política de estas tierras sino también la de la lengua, diferenciarse del tono asertivo que impone el imperio a las provincias desde la metrópoli.

En su poema, LA MARCA DEL CASTELLANO POLUÍDO que lleva una nota al pie (ejercicio/arte poética), Pereira Severo señala acertadamente la contaminación de nuestra lengua como “la raspa de lo hablado”, lo extraño a ella que incorpora el uso popular, la mezcla que él interpreta como mélange, los cruces verbales: “El lenguaje de la fonda la herrería […] almacenes / despensas /el espesor de lo vulgar / tasajos”.

Los rasgos, cualidades de su poética, desde Pabellón Patrio (2009), subtitulado en aquella ocasión Serie de relatos íntimos, no se relacionan meramente con una poesía ‘confesional’, ‘autorreferencial’. Todo lo contrario, su propuesta apuesta a una dicción, un modo de enunciar, la inclusión del otro. El desarrollo progresivo de un tono distintivo, la búsqueda de una voz.

Esta voz se distingue de mucha poesía contemporánea, aquella que en La poesía moderna es prosa (1978) Lawrence Ferlinghetti sostiene: “…cualquiera puede mirar hacia el pasado y maravillarse ante esta época extraña que le permitió a la poesía caminar en los ritmos de la prosa y aún denominarla poesía. La poesía moderna es prosa porque suena tan apagada, sumisa, como cualquier mujer u hombre en las ciudades cuya fuerza vital está sumergida en la vida urbana”.

Otros poemas sucios (manual de castellano estándar) se divide en tres partes: Cuaderno viajero I, Garuada y Cuaderno viajero II. En un poema de la primera parte, que podemos considerar un sucedáneo de aquel que él define como (ejercicio/ arte poética) escribe:

SE LE OCURRE algo muy

gráfico

«Llueve sobre el camposanto»

¿Poesía civil como Raimondi?

Cuaderno viajero, es el nombre

de

Eso que escribe

El corte del verso determinado

por la pantalla del Nokia

finlandés

¿Se oye la lluvia desde el tercer

piso? ¿Cómo desde Emilia

Grassi, las barreras? ¿Pasa con

retraso el motocar de las cinco?

Es gráfica la expresión

«llueve sobre el camposanto»

¿Un tipo de santuario la

Poética?

El corte del verso determinado

por lecturas de Levertov.

Lo que respira en la superficie

El goteo primoroso sin

apresuramiento

sobre el campo

santo

Desde el primer verso no podemos eludir la pregunta ¿quién es la persona del discurso? Indudablemente la tercera del singular, ya sea masculina o femenina, poco importa ante el resultado buscado: la elisión del yo.

El poeta se enmascara en otro, realiza una transferencia de su experiencia, de su mirada personal. Este alejamiento del yo emisor, produce en la lectura un efecto que, en tanto lectores, nos transforma en sus cómplices, produce un acercamiento con el objeto. Nos allana el camino para que internalicemos el poema con mayor intensidad, hacerlo carne propia. John Keats (carta a Benjamin Bailey, Nov. 22, 1817), reflexiona al respecto: “Si un gorrión viene a mi ventana, participo de su existencia y picoteo la grava…”.

Asimismo, en este poema pone en escena sus preocupaciones en la construcción del poema, destacando la relevancia del corte del verso. Elemento central en la poética de todo poeta contemporáneo que presta atención al habla de su comunidad, entre ellos, los imagistas, Pound, Louis Zukofsky y William Carlos Williams, y que Denise Levertov (citada en el poema) considera el instrumento esencial, fundamental, en la caja de herramientas del poeta. El que determina que un texto en prosa, verticalizado o dividido simplemente en líneas siguiendo una elemental sucesión de orden sintáctico, práctica generalizada en la actualidad, en la mayoría de los casos no reunirá las características de un poema. Fruto quizás de no comprender que el ‘verso libre’ no lo es tanto (Eliot dixit) y tiene sus propias leyes: la variación rítmica, la irregularidad, la extensión variable, la ruptura en el sangrado de los versos y su disposición espacial en la página.

Pereira Severo logra, como el corredor de larga distancia, picar en punta, acelerar, regular sus zancadas, afianzar su propio ritmo. Modular su voz con desenvoltura, anotar en el pentagrama notas disonantes, una musicalidad diversa, atrapante, innovadora en el ámbito que él mismo denomina como: “el desorden del lenguaje / incierto”. Aunque debo agregar, inferir, que no solo persigue certezas sino su contrario: quizás como nos advierte Wallace Stevens en El Ángel necesario (1951) su búsqueda se cifra en: “la poesía en sí misma, el poema desnudo, la imaginación manifestándose en su dominio de la palabra”.

La estructura de Otros poemas sucios (manual de castellano estándar), se sostiene en una amplia temática que le abre las puertas a tópicos e intereses variados y multiplicados, y los objetos que habitan los textos (útiles de cocina, ollas, sartenes, jarras, baúles, viejas indumentarias, azadas, las furgonetas del hospicio y arados, entre otros) enriquecen, le ofrecen nuevos argumentos a nuestra noción de la realidad.

Asimismo esta temática despliega un movimiento abarcador que integra varios aspectos tanto históricos como actuales. La ironía que da cuenta de una visita al centro comercial, “todo tiene remedio en el centro comercial”, o en “Trabajo precario / Marcador de pobreza / Lo negro lo pichi […] Pobres contra pobres mi amor / Lucen satisfechos en las / selfies”, hechos que iluminan ciertas singularidades de la época, carnada y anestesia frente a lo circundante, la felicidad del instante.

Otro de los aciertos que recorren estas páginas es la economía de recursos utilizados para brindar instantáneas del terror y la violencia. Y que no obstante tiene un efecto potenciador en la recreación de momentos históricos poblados de degollados y desaparecidos, como lo demuestra en EQUIDISTANCIA: “Guerra del Paraguay / Tatuceras / Leandro Gómez // Todo cabe en la pantalla / Nibia / Miguel Mato / Tassino y / Y varios más // De cuando tocaron a / Degüello / Son las fotos”. El horror, pareciera decirnos, no necesita de detalles.

En Otros poemas sucios (manual de castellano estándar) Pereira Severo reafirma su tono y voz (estilo) e hilvana con oficio una serie de poemas en los cuales la unidad es su característica principal. Cada uno de ellos, en su individualidad, constituye las distintas partes de un todo, un único poema. Sin embargo, no hay que desconocer otras cualidades del conjunto: los poemas más personales, en primera persona, no interfieren con aquellos en los que el yo se oculta tras bambalinas colocando en escena otras personas del verbo.

Finalmente hay que destacar la operación de proporciones que realiza, inédita en estos tiempos, la simbiosis de dos maneras de interpretar el paisaje, el tiempo, la vida. Aquellas que definen el ethos de la urbe y el de la campaña. Dos miradas culturales que, a pesar de desarrollarse en una lengua compartida, presentan diversos antagonismos que el poeta, en un delicado y complejo zurcido de las diferencias, disolverá exitosamente en una visión renovada del mundo y las cosas.

Esteban Moore, Buenos Aires, 2022.

De "La confabulación de las arañas"

 

 
Hay una relación dialéctica entre sociedad y obra literaria, pero dicha reciprocidad no quiere decir que lo social se imponga en el proceso de dicción del texto, predeterminando su particularidad final. Lo social es una matriz categorial y participante del diseño estructural, pero su actualidad expresiva puede adoptar reverberaciones discursivas diversas. No es correcto creer que dicha actualidad se logre mediante “la lógica interna del contenido”, según lo propuesto por Fredric Jameson —en Marxismo y forma—, sino más bien por la documentación social comprendida en la forma, entendiendo por forma la relación que se establece entre las palabras para producir una significación diferenciadora. El irresuelto conflicto entre el sujeto productor y su contexto se dirime en el propio poema que, por ende, tendrá una manifiesta conflictividad; el texto aceptará ser reescrito por nuevas y complementarias lecturas. En su imagen conflictiva se verifica un rechazo a la explicitud y a la consecutividad: el autor fractura el lenguaje del poder. Estamos ante un habla que se despoja de las discursividades culturales mayores, des-estratificándolas léxica, fonética y sintácticamente. El resultado, en Pereira Severo, es el de una escritura de la sobriedad que resiste la decodificación estándar y quiebra la relación del binomio significante-significado. Y ese quiebre se produce desde la ironía de quien ha visto la corrosión de los grandes relatos y desde un ludismo muy cercano a la irreverencia pop, plegándose sobre sí misma. El resultado es un registro diferente del de la codificación de la máquina gregaria social: el de la extranjería, en particular, aquella que es promovida por la proliferación de citas de guiones cinematográficos o canciones traducidas en un castellano neutro. La cita hace consciente el origen plural de todo acto de escritura, explicita la referencia que ya está en cada coma, en cada paso incorporado. Se puede decir que en cada declaración prestada, en cada intervalo entre dos términos, se esconde una pausa que pone en evidencia aquello de que todo acto de creación es una manifestación polifónica, indeterminada de decisiones singulares en el proceso, pero que no se pueden concebir de antemano. Es el llevar a cabo una destrucción sistemática de ese decir avasallante para que, en su lugar, el trayecto de un nuevo poder y un nuevo saber se instale, mediatizándose por una sintaxis en constante resurgimiento. Solo a partir de allí, la lengua consigue revelar su afuera, enfrenta y sortea la fragmentariedad cinemática donde no solo se han visto: “… fresas de la amargura / y a pier paolo passolini en “el evangelio según san mateo” / y policías que corrían tras el matrero todas las cintas / y películas varias que no integran el programa de raimondi los lunes/ franceses, y / filmes sobre el desamparo y el mismo desamparo —no era un personaje—, en el cine / de sarandí grande, y en el roma / y cantantes melódicos y crónicas / y el diario el plata y bp color y la tribuna / y el cine arte del salvo, / y a león lev entrar y ver una de tarkovski y cine de georgia años después / y vi a políticos de izquierda hablar de acumulación de fuerza s/ y a ti cambiarte de camiseta debajo de una llovizna de esas que justifican la literatura”. Toda esta secuencia enumerativa no parece mostrar otra forma de expresión que la que se genera en un pliegue entre el sonido articulado y el silencio. Al igual que el cine mismo, tan omnipresente en la producción de Pereira Severo.
 
Martín Palacio Gamboa, La confabulación de las arañas, poesía uruguaya actual, detodoslosmares, Córdoba, Argentina, 2018

 

LA MEMORIA COMO ACTO DE POSESIÓN

En la sexta década de su vida y tras una media docena larga de volúmenes poéticos sobre sus espaldas, Luis Pereira Severo, nacido en Paso de los Toros, transitorio montevideano y fernandino de muchos años, propone una edición ampliada de “Poemas para mi novia extranjera” (Civiles Iletrados).
Elbio Rodríguez Barilari, revista Relaciones, Mayo 2018


Ya desde los ochentas, observadores desprejuiciados como los que escasean en el claustrofóbico mundillo literario uruguayo, habrían advertido la presencia de una voz mayor, sostenida, coherente, recatada e intensa al mismo tiempo.

Hay un par de razones para que la obra de Pereira no haya alcanzado hasta ahora la visibilidad y el reconocimiento que se merece. Por un lado, la ubicación excéntrica de ese poeta que nunca ha sido ni obsecuente ni genuflexo ante los protocolos feudales del medio. Y por otro, el racismo corriente de la “intelligentsia” uruguayensis ante autores que no sean del todo blancos, como Pereira, como Macunaíma, como Víctor Cunha, como Elder Silva, como Julio Garategui. Un racismo que no por solapado y vergonzante ha sido menos injusto y miope.

El extemporáneo Premio Nacional de Literatura que fue derramado sobre Pereira en 2017, tan merecido como inesperable, parece, por ahora, un extraño accidente, un error de cálculo del sistema.

La poesía de Pereira, escéptica y dolida al mismo tiempo, escéptica por dolida, dotada de un sarcasmo a largo plazo digamos, constituye el tipo de comentario no servicial, no maniqueo, no tranquilizador en el plano ideológico que el establishment culturoso uruguayo, limitado a dos o tres órganos de prensa, un minúsculo ámbito académico y las direcciones de cultura de la IMM y del MEC, no suele acoger con benevolencia.

Como muchos otros artistas de su generación, Pereira todavía batalla con la ruptura de sus sueños bolcheviques. Algunos sofocan esa batalla, la acallan. Otros se golpean el pecho y se declaran engañados, incluso estafados. Con coraje, Pereira elige la lucidez y la lealtad. Ni se llama a engaño sobre la quiebra de ese modelo, ni renuncia a la utopía traicionada por los comisarios soviéticos y vernáculos.

En los 80’s, a la salida de la dictadura, me tocó dar junto con otros, como los mencionados Víctor Cunha y Macunaíma, una pelea desigual contra los comisarios culturales de la literatura nacional, comunistas, excomunistas, tupamaros y extupamaros que se adueñaron de la directiva de ASESUR, la Asociación de Escritores del Uruguay, y se pusieron a repartirse cargos y prebendas, mayormente viajes a Cuba, Checoslovaquia, Hungría, la URSS y alguna ocasional excursión a España, Argentina o Brasil.

Nunca hubo duda de la lealtad de Pereira a aquéllos sueños rotos o en cuestión. Pero tampoco de su ética, de su condición “orejana” y anti-autoritaria. Mientras tanto los comisarios mandaban comunicados de prensa a “La Hora”, a “Brecha” y a “El País” adornándonos con adjetivos tan pintorescos como “agentes disolventes” y “divisionistas”, hablando de nuestros “fines oscuros” y declarándose en “estado de alerta”.

Nuestra respuesta fue el humor, el ridículo, un panfleto literario llamado “El Boñato Ilustrado”, con eñe, y un ciclo de poesía en el boliche “Amarcord”, intitulado “Cultura de Miércoles” que duró dos años y por el cual pasó todo el mundo.

Ante el arma del ridículo, los solemnes comisarios implodieron, como ocurre siempre. Hoy los comisarios ya casi no existen. Solamente existe ese pequeño núcleo feudal atrincherado en “páginas culturales” y en la burocracia. Y de nuestra parte, evolucionamos en lo que Lawrence Ferlinghetti ha bautizado como los urubeatniks.

Los urubeatniks, como los beatniks originales, no formamos un grupo y nunca hemos querido ser un grupo. Somos gente con coincidencias generacionales, que hemos leído a los mismos poetas y escuchado a los mismos músicos, y que por algún motivo hemos elegido la intemperie en lugar de las certezas dogmáticas.

Todavía están frescos el impacto y la tinta de “Ontheroadagain”, el más reciente libro de Macunaíma. Ahora se publica este volumen ampliado de Pereira y se anuncia la pronta aparición de libros de Elder Silva y Víctor Cunha. Me cabe el honor de ser el quinto Urubeatnik vivo, ya que el sexto sería Darnauchans, y soy el único no poeta, sino músico y prosista, el papel que le cupo a David Amram en la pandilla original, supongo.

Mientras que “Ontheroadagain” es un libro deliberadamente beatnik y urubeatnik, de acuerdo a la naturaleza efusiva y a la estética estridentista de Macunaíma, lo de Pereira es más la contención, el recato, el cultivo de cierta distancia.

Del Pereira temprano recuerdo su apego al exteriorismo de Ernesto Cardenal. Pero, hijos poéticos de Idea Vilariño, ni Pereira ni Elder Silva, los más cardenalistas de esta generación, han sido propensos a las formas extendidas que prefiere el vate nicaragüense.

El exteriorismo de Cardenal y la importancia dada lo circunstancial que viene de la escuela beatnik, le sirven a Pereira para controlar la intensidad emocional del poema. No hay un flujo incontrolado de la conciencia, como en William Burroughs o lo más torrencial de Allen Ginsberg. En vez de eso hay mesura, recato y un ocasional, bien calculado zarpazo.

Pereira finge aceptar una existencia módica:

mi modelo es / pasar la noche / como el personaje de / una serie de tevé de / historias de hospital / mostrador de restorán barato / whisky con dos piedras de hielo / una picada de fiambre y / luego la tevé por cable / encendida / como ninguna.

Excepto que no estamos seguros de que esa sea LA realidad, o una realidad copiada de la TV. El personaje en primera persona de Pereira se contempla vivir. Es un personaje auto-consciente, que vive en su cabeza tanto o más que en el mundo circundante. La poesía viene a compensar por la realidad que falta.

La era de las dictaduras, de las torturas y encarcelamientos, de la represión y la censura son presencias recurrentes, un trauma histórico indeleble en la visión del personaje-poeta junto a la caída del Muro y la crisis del socialismo real.

El mundo que describe es siempre austero, la solidaridad con los “pobres del mundo”, una constante. Una pobreza conmovedora y una ausencia de cualquier riqueza, ostentación y a veces pareciera que hasta desprovista de cualquier necesidad material.

Las riquezas, lo que se vive como un valor, una adquisición, son la poesía, la música, y el amor nunca explícito, nunca explosivo, muchas veces postergado o perdido.

Es una poesía de la memoria ¿cuál no lo es? Pero lo que en otras voces poéticas se refleja como pérdida, como vacío o como nostalgia, en Pereira parece ser exactamente lo opuesto, la memoria como posesión. Solamente se posee auténticamente aquello que uno es capaz de recordar y evocar. 

En ese sentido, la de Pereira no resulta una poesía melancólica, que mitologice la pérdida, sino una poesía que atesora y recuenta esas memorias.

Una diferencia esencial, que separa a Pereira de los precedentes beatniks y exterioristas por igual, es que a través de un largo proceso de aprendizaje y refinamiento, se ha convertido en un maestro del poema con vuelta de tuerca. Esto es, el poema que describe o evoca, muchas veces con un aire casual, para que solamente al final se produzca la revelación, muchas veces en una sola línea que cambia todo el sentido de lo ya dicho y que obliga a releer el poema hacia atrás.

A veces la vuelta de tuerca apela a la ironía, es éste un poeta que insiste en desacralizar al poeta como “sufridor”, lo cual se agradece doblemente cuando tantas veces la supuesta poesía actual nos coloca ante patéticas descargas de auto conmiseración, donde claramente se confunde poesía con catarsis y terapia. 

El estoicismo pereiriano, muy acertadamente señalado por Alfredo Fressia en su excelente prólogo, es sin duda una de las virtudes del libro. Lejos de contemplar a un Narciso herido regodeándose en su dolor, nos topamos con un poeta que mira a la historia, la colectiva y la personal, cara a cara y con un rictus irónico. Después de todo, el autor sabe, y sabemos nosotros, que “hay poemas de Gullar o Zurita en las mesas de liquidación”. No nos tomemos tan en serio, que al final, es sólo poesía.

En ocasiones el humor se encrespa, de la ironía al sarcasmo, como en las líneas con las que azuza a ciertos reseñistas del medio criollo:

torturemos doncellas, poeta/ confundamos a nuestros biógrafos/ compartamos musa, poeta/ provoquemos a Ciancio, Brando, Rosario/ Larre Borges.

Sus afinidades y amistades poéticas incluyen desde Hans Magnus Enzensberger hasta el peruano Antonio Cisneros, desde los mencionados Ferreira Gullar y Raúl Zurita, hasta Washington Benavídes y sus co-generacionales y co-urubeatniks Macunaíma, Elder Silva y Víctor Cunha. 

Las deudas literarias están pagas desde hace rato, las influencias, digeridas hasta hacerse irreconocibles. Estamos ante un poeta decantado, añejado, depurado y que viene a recoger, como otros de nuestra generación, los estandartes que supieron llevar Idea Vilariño, Benavídes, Salvador Puig. En el caso de Pereira, el de Puig más que nada. Y es mucho decir.

discurso de pereira severo en oportunidad de recibir el premio nacional de literatura el pasado viernes quince de diciembre

señores señoras 
ministra señor director señores del jurado poetas curiosos lavaplatos cuidacoches ujieres público en gral.
debo decir
que me siento satisfecho agradecido anonadado atiborrado enmudecido conmovido
no sabía que tantas y tantos estuvieran deseosos de expresar algo de carinho para este
oriental
unión libre
isabelino
del 56
señores señoras niños niñas dignatarios profesores jueces encargados de estantería alcaldes farmacéuticos otros en gral.
agradezco sus muestras de carinho sus saludos sus congratulaciones no hacen nada mal un par de palmas alguito de aplausos siempre y cuando el papelito no se quede a habitar para siempre el reverso
no es una cosa contraindicada que le digan a uno los viernes que lo quieren (acá copio impunemente a otro poeta)
ah está la larga lista de aquellos y aquellas a las que hay que agradecer
la postal es de santa isabel en mil novecientos setenta y tres
en la toma  el guego yolita yanelli el cabezón lorenzo ricardo rosario maría el carome dalvey edén
ahora sarandí grande la turca diego ruth carmen helen edgard
y peñarol sayago en el setenta y cinco
y la iglesia de la aguada la entrada por la calle quito ademar jorge milka stella
y alejandro elder cecilia el ratón adolfo pancho bertoni enrique aiello rodolfo yahro los cuadernos
y la ujota en mil novecientos setenta y ocho la calle spencer inés las vías del ferrocarril interminables
y la voz del darno tocando sansueña
y elisa y eduardo y raúl y juan y antonia y manuel y mariana y roberto y gabriela y alicia y adriana y manuel
y la calle susviela guarch en mil novecientos ochenta y uno
(la crítica dirá es misterioso insondable íntimo inaccesible las claves son solo personales y a quién le interesa el diario íntimo de alguien que escribe versos)
este es el momento en que el texto avanza con dificultad camino azaroso como la ruta a baygorria o como recuerdo que era la ruta a baygorria
la secuencia prosigue con una escena de invierno del año mil novecientos ochenta y tres
es agosto día veintitrés calle ocho de octubre
y se repite dos años después
y en el ochenta y ocho
hay tiempo para una foto de familia
el texto la construcción del texto del agradecimiento proseguirá después por
poemas de gullar de parra de puig del macu de macedo del gordo víctor
onetti claro siempre
proseguirá con textos de galmés de cardenal de jorge amado
vendrán como es obvio amores desamores encuentros desencuentros triunfos azarosas derrotas derrumbes de toda estantería y ejercicio de borronear diseñar dibujar construir algo donde antes hubo agujero
ustedes deben comprender no es fácil redactar un discurso sin golpes bajos sin lugares comunes con medida cursilería sin copiar demasiado a parra o algún otro poeta
ustedes deben comprender un hombre de mi edad se emociona con facilidad
y a veces olvida nombres escenas circunstancias
igual he sido bastante transparente todo está en la fotografías
igual he sido bastante transparente todo está en los poemas ya publicados
como les dije
oriental
unión libre
isabelino
del 56
de la décima sección de tacuarembó
del barrio del cordón
del inve
amigo de pelaéz de fonseca y di leone y de fernando y de juana lacrazi
agradece
a todos los presentes
sus muestras de carinho
y a los miembros del jurado agradece por supuesto
y a la crítica nacional e internacional
y a los directores de festivales (desde ya expresamente vengo y digo que acepto invitaciones a rosario córdoba santiago y bahía blanca).
agradezco a todos
han sido excesivos pero los entiendo
no es usual que alguien de la décima sección y proveniente de barrios inundables y de nula destreza para el fútbol obtenga un premio nacional
ah quisiera agradecer además
a dos personajes presentes en sala
uno nacido en febrero de este año, otro en julio
permítanme señores críticos profesores licenciados en letras investigadores que omita detalles
¿un premio nacional?
ha sido bueno brindar con ustedes
ya tengo en mi biblioteca la distinción
ya ha sido tomada la fotografía
ahora debo releer a parra quizás las canciones rusas
ese libro me emociona como en el setenta y cuatro
debo releer a puig y a macedo y a gullar
(acá el texto comienza a empantanarse la construcción se hace tediosa la luz de la tarde a través de la ventana se hace más  interesante que proseguir la escritura)
(me adelanto no consideren esto un texto terminado más bien es un borrador pero es importante que agradezca por tanto debo publicarlos como está)
señores señoras no puedo nombrarlos a todos
no puedo agradecerles en persona
vayan entonces estas palabras a modo de retribución
ya sabemos que poca cosa es la poesía
que no sirve para la conquista ni para el incremento salarial ni para el cambio social
los premios
ah
los premios sirven para la vanidad
y para que te saluden los que hasta ayer estaban remisos a hacerlo
o para que el que reparte los platillos del cóctel advierta tu presencia
no es más que eso
al día siguiente todo prosigue su curso
igual como dije
agradezco a todos
sirvamos algo de queso y de malbec y brindemos

por la poesía y los poetas en gral.

La extranjera en los Cruces

Preguntado Gustavo Wojciechowski, “Maca”, factótum de Yaugurú, sobre cuáles eran sus editoriales extranjeras de referencia, respondió que Vox, de Argentina. Precisamente de ahí llega el más reciente poemario del poeta de Paso de los Toros, y fernandino por adopción, Luis Pereira Severo.
Mucho más clásico en su presentación que otros artefactos de Vox, este poemario, que tiene en la portada una ilustración alusiva del gran Diego Bianki, es calificado por su autor como una milonga rioplatense, y comparado por su prologuista, Alfredo Fressia, con el trabajo de un estoico.

Su primera parte, “Colección de fotografías del último otoño”, contiene algunos de esos momentos que sólo la poesía puede lograr como intermediaria –pero no amortiguadora– entre el golpe de los heraldos negros y el andamiaje interior de quien la lee. No hay crónica periodística que pueda trasmitir el realismo, la precisión onírica, de esos imposibles lanchones “repletos de bosnios, de georgianos” que cruzan el Paraná para traer a este tranquilo rincón del mundo, al despuntar la mañana, el olor de la guerra y la masacre. ¿Y cómo podría el recuento de los historiadores capturar el horror de la tortura en la medida en que lo trasmite “Lo hicieron los perros y los capitanes”?
Pero a fin de cuentas, “quien piensa en la muerte/ ¿la convoca o la ahuyenta?”. No responde su pregunta Pereira, aunque por las dudas anota el texto que desearía de epitafio. No responde, pero exorciza. Oficia ese exorcismo en la segunda parte del libro, del que toma el título, aunque no es la fácil liturgia del amor, sino que la novia extranjera, cuando se corporiza, tiene mucho de imposibilidad, de destiempo.
En el tramo último, que llama “Canción de cuna bolchevique”, el poeta ajusta cuentas con su generación y consigo mismo. “No soy ni siquiera un mal poeta inglés”, dice. En oposición se define habitante del “patio trasero de las letras”, aunque, reconoce, “no se trata de un mal sitio”.
(Roberto López Belloso, BRECHA, 20.08.2015, http://brecha.com.uy/cruces-de-poesia-25)